Muchos pobladores de San José Chiapa, junto con otras localidades de la región centro-oriente del estado, tienen una posición tajante de un rechazo absoluto a la construcción de una planta megarrecicladora, que lleva el nombre oficial de Parque de Economía Circular y que se ha propuesto instalar en esa zona el Poder Ejecutivo federal. Atrás de esa posición de repudio se observa un fenómeno que va más allá de las características específicas de este proyecto y que tiene que ver con algo más profundo: que es una crisis aguda de credibilidad hacia los tres niveles de gobierno.
Lo mismo en comunidades rurales y en centros urbanos ha avanzado a pasos agigantados la desconfianza y la incredulidad hacia los proyectos, metas, y objetivos que plantean todos los gobiernos. Hay una percepción generalizada y entendible entre la gente de decir: nunca se cumplen las promesas de parte de los gobernantes, siempre “nos engañan”.
Para el caso específico del Parque de Economía Circular hay por lo menos tres factores que están contribuyendo, de manera decisiva, a que la gente de San José Chiapa y alrededores simplemente no quieran escuchar lo argumentos, que han esgrimido los gobiernos estatal y federal, de que dicha planta no va a generar contaminación ,y por el contrario, servirá para resolver de fondo el problema de la disposición final de la basura.
El principal factor para que la gente no crea en el discurso oficial sobre la planta megarrecicladora tiene que ver con algo muy claro: que no se ha avanzado nada en el saneamiento del río Atoyac.
La decisión de rescatar el Atoyac es el principal proyecto ambiental del actual Gobierno de la República, en contribución con el Poder Ejecutivo estatal, y luego de un año de que se echó a andar, simplemente no hay ningún resultado positivo que salte a la vista.
El río está igual de contaminado que cuando inició el presente sexenio. Se han anunciado la instalación de biodigestores, humedales y la rehabilitación de plantas de tratamiento de agua residuales en un tramo de 30 kilómetros. Una situación que al final no sirve de nada porque no se ataca el problema central que es frenar a las empresas –entre ellas Concesiones Integrales y Volkswagen– que todos los días arrojan a la Cuenca del Alto Atoyac más de 220 toneladas de material orgánico, basura y metales pesados.
Si la gente ve que no se frena la polución del Atoyac, siendo el principal proyecto del sexenio en materia ambiental, eso lleva a que los pobladores no crean en nada la promesa oficial de que el Parque de Economía Circular no va a contaminar.
Un segundo factor es que, hace un par de años, un movimiento de campesinos de la Cuenca Libres-Oriental, que es la misma región de San José Chiapa, emprendieron una lucha contra la contaminación que provoca Granjas Carroll. Esa ola de movilizaciones se frenó por un acto de represión que les costó la vida a dos campesinos frente al centro de producción de Totalco, en el municipio de Perote, Veracruz.
Al final en el ambiente de las comunidades campesinas quedó la idea, bien fundamentada, de que los gobiernos se acabaron poniendo del lado de Grajas Carroll y de otros agronegocios de la región, que contaminan y se les tolera un abusivo consumo de agua.
El tercer factor es el fracaso del manejo de los rellenos sanitarios en el estado, que se construyeron bajo la idea de que iban a procesar correctamente la basura, que estarían vigentes por muchos años y que no serían factor de contaminación. Al final, acabó ocurriendo todo lo contrario.
En los últimos tres años han entrado en crisis los rellenos sanitarios de Tehuacán, de Cholula –ubicado en San Andrés Calpan–, de Ciudad Serdán, de Hueuhuetla, de Tepango de López y Tlacotepec de Benito Juárez, entre otros.
Un dato importante: la primera asamblea comunitaria que se realizó para alzar la voz contra el proyecto del Parque de Economía Circular se llevó acabo el 25 de enero pasado en el zócalo de Soltepec, en donde uno de los argumentos fue exponer lo ocurrido en Calpan, con los siguientes datos: el relleno sanitario de ese lugar se inauguró en 2016, era para uso de 20 municipios y tendría una vida útil hasta 2036. El asunto es que hace dos años ya era un tiradero a cielo abierto, por lo cual se tuvo que clausurar de manera definitiva.
Con esos antecedentes surge una pregunta básica: ¿cómo se quiere que la gente de San José Chiapa confié en que el Parque de Economía Circular no acabará en las mismas condiciones que los rellenos sanitarios?
Frente a este tema se ha cometido un error garrafal de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales que es afirmar que el Parque de Economía Circular no va a contaminar nada.
Es cierto que el modelo propuesto no usa agua y no amenaza con contaminar los mantos freáticos, pero también queda claro que en algún lugar se tiene que acumular los desechos que serán reciclados y esos volúmenes de basura, calculados en 800 toneladas diarias, siempre van a generar malos olores, fauna nociva y otros problemas más.
Por lo que no se puede jugar, por parte de las autoridades ambientales, a la fantasía de que no habrá un ápice de contaminación.
El proyecto del Parque de Economía Circular en sí no suena mal, es una planta que se necesita frente a una sociedad de consumo que a diario genera, tan solo en el estado de Puebla, más de 6 mil toneladas diarias de basura.
El problema de fondo es que cuesta mucho trabajo creer en las buenas intenciones del gobierno.
