Sí hay trabajo en Puebla, pero no necesariamente es buen trabajo. Esta frase resume el panorama laboral del estado: las cifras oficiales muestran estabilidad con baja desocupación y más personas ocupadas, pero en la realidad millones de poblanos enfrentan empleos precarios, sin seguridad social ni ingresos suficientes.
Alta informalidad: 7 de cada 10 trabajadores
Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi correspondiente al cuarto trimestre de 2025, la tasa de informalidad laboral en Puebla alcanzó el 72.1% de la población ocupada (TIL1). Eso significa que alrededor de 2.2 millones de personas laboran en la informalidad.
En términos prácticos, esto implica:
- Sin seguridad social: la mayoría no cuenta con IMSS, Infonavit, aguinaldo, vacaciones pagadas ni fondo de ahorro
- Vulnerabilidad: ausencia de contratos, protección ante despidos injustificados o accidentes laborales
- Inestabilidad: ingresos variables, dependencia de ventas diarias o trabajos eventuales (como en comercio ambulante, servicios domésticos, agricultura de subsistencia o pequeños talleres)
- Menor productividad y crecimiento: estos empleos suelen tener baja especialización, limitan el acceso a crédito formal y dificultan la formación de capital humano.
Siete de cada 10 poblanos ocupados trabajan en estas condiciones, muy por encima del promedio nacional (alrededor del 55%).
Condiciones críticas de ocupación
Más allá de la informalidad, el 45.5% de los trabajadores se encuentra en condiciones críticas de ocupación. Esto incluye a personas con ingresos insuficientes (por debajo del umbral de la canasta básica) o que laboran jornadas extremas (generalmente más de 48 horas semanales) para compensar bajos salarios.
Con una población ocupada de aproximadamente 3.1 millones, esto equivale a más de 1.3-1.4 millones de personas en situación crítica. Muchos combinan ambas problemáticas: trabajan informalmente y aun así no alcanzan ingresos dignos o terminan exhaustos por horarios prolongados.
La contradicción: cifras oficiales “estables” vs. realidad precaria
Las estadísticas oficiales destacan aspectos positivos:
- Tasa de desocupación baja: 1.9% (61 mil personas desocupadas en el 4T 2025), una de las más bajas del país
- Crecimiento de la ocupación: se sumaron alrededor de 80 mil ocupados respecto al año anterior
- Población Económicamente Activa (PEA):2 millones de personas.
Sin embargo, este “pleno empleo” aparente oculta la calidad del trabajo. La baja desocupación se explica en parte porque la gente no puede permitirse estar desempleada: debe aceptar cualquier actividad que genere ingresos inmediatos, aunque sea informal y precaria. Esto empuja la tasa de participación al alza, pero no mejora las condiciones reales.
¿Por qué ocurre esto?
- El crecimiento económico estatal se ha concentrado en sectores como comercio, servicios y actividades agropecuarias, que favorecen micronegocios y empleos por cuenta propia o eventuales, con poca regulación
- La industria manufacturera (importante en Puebla) mostró incluso disminución en algunos periodos, mientras que la formalidad crece lentamente (datos del IMSS muestran modestos incrementos en la capital, pero desaceleración estatal)
- Factores estructurales: altos costos de formalización para pequeñas empresas, competencia desleal, inseguridad y limitaciones en el tejido productivo que impiden generar más empleos de calidad con prestaciones
Los empleos que más crecen son típicamente de baja calificación: vendedores ambulantes, trabajadores domésticos, taxistas o repartidores por aplicación, jornaleros agrícolas y pequeños comercios. Estos generan ocupación, pero perpetúan bajos salarios y falta de protección.
Consecuencias a futuro
Esta dinámica tiene efectos profundos:
- Desigualdad y pobreza laboral: aunque ha habido ligeras reducciones en algunos indicadores de pobreza laboral, persiste un círculo vicioso donde las familias dependen de múltiples ingresos precarios para sobrevivir
- Menor ahorro e inversión: sin prestaciones ni ingresos estables, es difícil acceder a vivienda, educación superior o emprendimientos formales
- Presión sobre el sistema: mayor carga en salud pública (por accidentes sin cobertura) y programas sociales
- Riesgo de estancamiento: una fuerza laboral poco productiva y con baja capacitación limita el atractivo para inversiones de alto valor agregado y el crecimiento sostenido del estado.
En resumen, en Puebla el problema no es la falta de trabajo, sino la calidad del empleo. Hay ocupación, pero precaria para la gran mayoría. Avanzar requiere políticas que incentiven la formalización, mejoren la productividad, fortalezcan la educación técnica y fomenten sectores de mayor valor agregado. Mientras la informalidad siga dominando, el bienestar real de millones de poblanos seguirá rezagado, aunque las cifras de “empleo” luzcan estables.
