El Viernes Santo en Puebla se vivió con una profunda devoción y fervor. La tradicional procesión, que comenzó a las 12:30 horas, recorrió las principales calles de la ciudad, atrayendo a miles de fieles que acompañaron con cantos y oraciones las imágenes sagradas que salieron de la Catedral de Puebla. Encabezando el recorrido estuvo el arzobispo Víctor Sánchez Espinoza, quien estuvo acompañado por el Niño Doctor de Tepeaca, el primer paso de esta importante tradición.
La primera imagen en salir de la Catedral fue la del Niño Doctor de Tepeaca, seguida de la Virgen de la Soledad, el Señor de las Tres Caídas, el Señor de la Misericordia y, finalmente, la Virgen de los Dolores. En un cambio significativo respecto a años anteriores, no salieron este año de la Catedral las imágenes de Jesús Nazareno y el Señor de las Maravillas, las cuales se unieron a la procesión desde la calle 3 Poniente.
A medida que las imágenes se desplazaban por las calles del Centro Histórico de Puebla, la participación de los fieles creció, y se reportó una asistencia de 195 mil personas, que se unieron al acto religioso en un ambiente solemne y de recogimiento.
El arzobispo auxiliar, Francisco Javier Martínez Castillo, reflexionó sobre el significado profundo del Viernes Santo durante el paso de las imágenes. En su mensaje, explicó que la procesión de este día “contempla un amor que no responde a la violencia, ni con odio al odio”. Añadió que, desde la cruz, Jesús pronunció palabras que cambiaron la historia:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, un perdón que se convierte en la verdadera victoria sobre un mundo lleno de divisiones, resentimientos y dolor.
“La verdadera fuerza de Dios no está en imponerse, sino en amar hasta el extremo, en servir hasta el final, en identificarse con el más triste y con el más alejado”, reflexionó Martínez Castillo, invitando a los fieles a seguir ese ejemplo de amor y compasión.
Al culminar la procesión, el arzobispo Víctor Sánchez Espinoza dirigió unas palabras de agradecimiento a los organizadores del evento, así como a las parroquias y cofradías que cedieron sus imágenes para la procesión. Además, destacó la colaboración del Gobierno municipal y estatal, así como de las autoridades de seguridad, salud y vialidad, sin cuya ayuda no habría sido posible el éxito de la celebración.
“Con nuestra procesión, tan llena de fervor y piedad, tanto quienes procesionamos como los que veneran desde las calles, vivimos este Viernes Santo en un ambiente de reflexión, oración y luto”, comentó el arzobispo.
También recordó que, al finalizar el recorrido, los fieles se preparan para la vigilia pascual, que cerrará los actos litúrgicos de la Semana Santa y abrirá paso a la alegría de la resurrección de Jesús.
El arzobispo aprovechó la ocasión para agradecer al comité organizador, las cofradías, y los voluntarios, así como a las autoridades locales y a la UPAEP, que contribuyeron al buen desarrollo del evento.
“Que Dios recompense a todos los que hicieron posible esta hermosa procesión”, expresó.
La procesión concluyó con una bendición final, mientras las imágenes regresaron a sus respectivos templos, dejando a los asistentes con un sentimiento de esperanza y reflexión, en un día que marca no solo el sufrimiento de la crucifixión, sino también el llamado a vivir con el amor y la compasión de Cristo.
Puebla sigue siendo un referente de fe y unidad, reafirmando el valor de sus tradiciones religiosas y la devoción de su gente.





