Este Viernes Santo, la comunidad devota se congregó desde las primeras horas de la mañana en los alrededores del templo de Santa Mónica para esperar el ansiado momento en que el Señor de las Maravillas saldría de su templo rumbo a la Catedral, donde participaría en la tradicional procesión del Viernes Santo. La espera, cargada de emoción y fervor religioso, congregó a cientos de fieles que no dudaron en madrugar para acompañar a la imagen en su recorrido.
Aunque el sol aún no asomaba con fuerza, los devotos ya se encontraban en las inmediaciones del templo, en un ambiente de recogimiento y esperanza. Desde las 5 de la mañana, algunos llegaron con anticipación para asegurarse de presenciar el preciso momento en que el Señor de las Maravillas comenzaría su camino hacia la catedral. Para muchos, esta salida no es solo un acto de devoción, sino también un momento simbólico que marca el inicio de uno de los eventos religiosos más importantes del año.
A lo largo de la mañana, las personas se fueron congregando en silencio, observando la puerta principal del templo, esperando con ansias que el Señor de las Maravillas hiciera su aparición. La emoción era palpable, y entre murmullos de plegarias y rezos, los devotos compartían sus experiencias y sentimientos, recordando los milagros y favores que han recibido a lo largo de los años.
Entre las personas que aguardaban con fervor, se encontraba la señorita Laura, quien comentó con emoción que ella y su familia siempre hacen el esfuerzo de estar presentes en este momento tan significativo. “Es un acto de fe, un momento que esperas todo el año“, señaló. “Para nosotros, el Señor de las Maravillas es un símbolo de unión y fortaleza, y ver salir la imagen es un acto lleno de esperanza.”
A medida que avanzaban las horas, más personas se acercaban al templo, algunos con flores, otros con pan y café, listos para compartir un pequeño gesto de gratitud por todo lo que el Señor de las Maravillas ha hecho por ellos. Es una tradición de la comunidad regalar pequeños detalles como una manera de agradecer las bendiciones recibidas a lo largo del año, y este día no fue la excepción.
Finalmente, a eso de las 10 de la mañana, el ambiente se volvió aún más solemne, y la espera llegó a su clímax. La puerta del templo se abrió lentamente, y el Señor de las Maravillas, en su paso solemne, fue llevado en procesión hacia la catedral. La multitud rompió en aplausos y vítores, mientras los devotos, algunos con lágrimas en los ojos, seguían la imagen con la esperanza de que su fe sería renovada en este especial día.
El señor Miguel Ángel García, un devoto de muchos años, fue uno de los que esperó pacientemente para ver la salida de la imagen. “La emoción de ver al Señor de las Maravillas salir del templo nunca se pierde, aunque pasen los años“, expresó. “Es un momento que marca el corazón, y cada vez que lo vivo, siento que renuevo mi fe.”
La salida del Señor de las Maravillas es más que una simple procesión: es un acto de fe que une a toda la comunidad, un recordatorio de las tradiciones que perduran a lo largo del tiempo. Al igual que otros años, los asistentes se comprometieron a continuar con esta costumbre que no solo honra al Señor de las Maravillas, sino que también refuerza los lazos familiares y comunitarios en tiempos de reflexión y espiritualidad.
La procesión del Viernes Santo, con su solemne recorrido hacia la catedral, sigue siendo uno de los momentos más esperados por los fieles, un símbolo de devoción y esperanza que trasciende generaciones.
