¿Qué pasa en Tehuacán? Una ola de miedo se está empezando a expandir en la segunda ciudad más importante del estado, pues a los índices habituales de criminalidad se ha sumado el fenómeno de que cada semana –desde hace un mes aproximadamente– han ocurrido asesinatos con una alta dosis de brutalidad o con signos de ejecución, y mientras eso ocurre los encargados de la seguridad pública están ausentes o ya están haciendo campaña política con miras a los comicios de 2013.
El último caso fue el de un hombre –de identidad desconocida hasta ayer en la noche– que fue encontrado en un canal de agua, estaba amarrado y amordazado y recibió al menos 16 puñaladas.
De acuerdo con el conteo que llevan los organismos empresariales en esa ciudad todos los días hay un nuevo caso de extorsión telefónica, principalmente en contra de comerciantes y propietarios de compañías. La explicación informal que diferentes actores sociales brindan a lo que pasa en Tehuacán es que el cerco de la Marina en contra de los zetas en Veracruz ha provocado que grupos delictivos vinculados a ese cártel hayan migrado a Puebla.
Independientemente de cual sea la razón de dichos crímenes, lo que llama la atención es que tiene un año que Ardelio Vargas Fosado, el titular de la Secretaría de Seguridad Pública, no pone un pie en Tehuacán y es muy pobre la presencia de la Policía Estatal en esa ciudad. La única fuerza que se ha desplegado en el municipio es el Ejército, que durante las últimas semanas ha colocado grupos de vigilancia en carreteras o en la zona céntrica de la cabecera municipal.
Mientras en las redes sociales de gente de Tehuacán han aumentado los mensajes de miedo, el secretario general del ayuntamiento, Carlos Ruiz, se ha empezado a promover, junto con Enriqueta Sánchez, directora de Tránsito, para ser una dupla de candidatos del PAN a edil y diputada, respectivamente, en lugar de preocuparse por el crecimiento de los crímenes sangrientos.
Y en general la clase política de esa ciudad está más preocupada por hacer proselitismo que por los problemas de la comunidad. Como consecuencia de la moda de mandar a colocar espectaculares para hacer promoción de personajes que quieren ser candidatos a un puesto de elección popular, la mayoría de los cuadros panistas, entre los que se encuentran servidores públicos del gobierno estatal, están en franca competencia para ver quién coloca más anuncios en la vía pública.
La ola de crímenes a los que hago alusión, dos han sido los casos más sonados. El primero es el del periodista e informante del gobierno del estado Adrian Silva Moreno. Poco se sabe del avance de las investigaciones; sin embargo, trascendió que una hipótesis que se está examinando es que él habría sido quien detectó la presencia de una bodega donde se almacenaba combustible robado y fue quien lo reportó, situación por la cual llegó al lugar el Ejército.
Una vez que llegaron los soldados nadie sabía que había ahí. Solamente el periodista se presentó y con la complacencia del personal castrense se le permitió tomar fotografías. Minutos más tarde, con todas las características propias del crimen organizado, el comunicado, junto con su acompañante Mizrael López González, fueron ejecutados por un comando armado.
Días antes, otro caso que tuvo un alto grado de atención de la prensa de la capital fue la muerte de los cuatro miembros de una familia. La versión que ha dominado es que presuntamente la mujer Ingrid Obac Orduña mató a balazos a sus dos hijos y esposo para después suicidarse; sin embargo, se sabe que todavía no está plenamente determinado que la señora se quitó la vida. Al parecer se sigue investigando la posibilidad de que ella también haya sido ejecutada.
Los crímenes brutales comenzaron el pasado 2 de octubre, cuando se encontró a un joven de 20 años de edad, de nombre Javier Martínez Franco, amarrado, con signos de tortura y ahorcado en una nevera que estaba en su domicilio.
Al poco tiempo, el comerciante Agustín Hernández Castro cuando salía de su domicilio, ubicado en una de las calles céntricas de Tehuacán, murió acribillado por personas que le dispararon desde una camioneta en movimiento que tenía placas de Hidalgo.
Un caso más fue el del dentista, quien era miembro de la comunidad lésbico–gay de esa ciudad, quien fue asesinado en un cuarto de un motel en donde lo ahorcaron, pero tenía huellas de sufrir un largo proceso de tortura.
Desde el punto de vista de las estadísticas frías, los casos antes mencionados no incrementan el volumen de delitos, y eso sirve a las autoridades locales y estatales para sostener que Tehuacán está en paz.
Pero desde el punto de vista del tipo de crímenes que están ocurriendo y con la frecuencia, hace suponer que en Tehuacán se está descomponiendo el clima de seguridad y los gobernantes, como siempre, se preocuparán bastante tarde por lo que ocurre.
Por lo mientras, el miedo se ha apoderado de mucha gente de esa ciudad del sur del estado.
