Irene Olea, en la picota
Lo peor para la exalcaldesa es que sus problemas no empiezan –ni terminan– con su presunta culpabilidad en las agresiones en agravio de dos periodistas

Lo peor para la exalcaldesa es que sus problemas no empiezan –ni terminan– con su presunta culpabilidad en las agresiones en agravio de dos periodistas