Una auténtica batalla campal se vivió –hace un par de días– dentro de la primaria Luz Elena Huerta López, en el municipio de Tepeaca, en donde padres de familia y maestros se golpearon, forcejearon, se gritaron amenazas y acusaciones de ser “traidores”, “vendidos”, “ladrones” y hasta “mal nacidos”. Eran dos bandos, uno desconocía una votación que no le era favorable y los otros querían que se hiciera valer el resultado. Todo acabó en un caos en el que nadie pudo poner orden y frenar la trifulca que, milagrosamente, no terminó en tragedia.
Lo que ahí pasó no es un hecho aislado y es consecuencia de algo muy claro: el desorden que existe en la Dirección de Enseñanza Primaria de la Secretaría de Educación Pública (SEP) del estado, a cargo de Humberto Cruz Hernández, que se ha destacado por su actuar limitado para hacer que impere la normativa que debe regular a las escuelas de nivel básico.
Y no es cualquier escuela donde ocurrió este reprobable hecho de violencia, pues se trata de un plantel educativo que construyó la Fundación PepsiCo, que pertenece a la segunda trasnacional más grande de producción de refrescos y bebidas azucaradas en México.
Es una escuela que supuestamente se creó bajo un modelo para promover “comunidades solidarias” entre maestros, alumnos y padres de familia. Queda claro que ese proyecto acabó en fracaso y en mucho, por los abusos que ha tolerado la SEP.
En la página oficial de la escuela, publicada en Facebook, se desviven en elogios a Juan Gallardo Thurlow, quien donó los fondos para construir el plantel. Este empresario controla el Grupo Azucarero México y la compañía Embotelladora GEEP, que tiene 44 plantas en el país y se dedica a la elaboración de los refrescos de la marca PepsiCo, que son la principal competencia de Coca-Cola.
Ahí en el sitió de la primaria se expresa: “Somos herencia de la maestra Luz Elena Huerta López y de Don Juan Gallardo Thurlow, 2 mexicanos que buscaron una formación integral basada en la práctica de valores para todos aquellos niños y niñas que al terminar su educación primaria se lleven herramientas para enfrentar la vida con un alto sentido de hacer lo correcto”. (sic)
Al menos que en esa escuela crean que es “una herramienta para la vida” el saber soltar golpes y patadas, así como proferir “mentadas de madre” y amenazas de muerte, pues entonces sentirán satisfacción de que “hacen lo correcto”. Porque eso es lo que están en realidad enseñando a los niños.
Desde finales de agosto pasado, en esta columna periodística se había advertido el grave conflicto que se vive en esa escuela por la actitud omisa de la SEP de no saber aplicar las reglas que rigen la convivencia en las escuelas.
Todo empezó siendo titular de la SEP el político expriista Jorge Estefan Chidiac, quien dio “manga ancha” para que en esa escuela maestros y padres de familia hicieran lo que quisieran. Era una actitud del funcionario de “no incomodar” a la multinacional PepsiCo.
Con el paso de los años, la fundación de la refresquera Pepsi, decidió trasladar el control total de la escuela a la SEP.
Y en la presente gestión de la la SEP, que está a cargo de Manuel Narciso Viveros, se ha tenido la misma actitud complaciente con los abusos que se cometen en esa escuela.
Un ejemplo de esos excesos es que se estableció una cuota de 4 mil pesos por alumno, una cantidad inadmisible para una escuela oficial. Ese cobro es una flagrante violación al artículo 3 de la Constitución que establece la gratuidad de la educación pública.
La Dirección de Enseñanza Primaria en lugar de poner orden en la escuela Luz Elena Huerta López, siguió solapando los abusos de un Comité de Padres de Familia, encabezado por Gabriel Oropeza Poteciano.
A ese personaje en una ocasión, con total impunidad, se le dejó que ingresara a las instalaciones de la SEP estatal y lanzara insultos, amenazas, contra funcionarios de la dependencia, pues exigía intervenir en el nombramiento de maestros para dicho centro educativo.
El problema de fondo es que Humberto Cruz Hernández, el titular de la Dirección de Enseñanza Primaria, que es el área más grande y de mayor importancia en la SEP, es un maestro sin carácter ni entendimiento de cómo manejar ese importante nivel educativo.
Para nadie es un secreto que Cruz Hernández ha permitido que en su dirección se protejan los intereses personales de los líderes de la sección 23 del SNTE, a quienes se les deja que promuevan maestros para obtener beneficios laborales sin respetar el escalafón que, se supone, rige los derechos de los más de 53 mil maestros de educación básica que hay en el estado de Puebla.
Por eso es entendible que tampoco “movió un dedo” para cambiar las cosas en la escuela Luz Elena Huerta López.
En el video que se reproduce en esta columna se observa que se está dando el resultado de una votación, misma que perdió Gabriel Oropeza, quien buscaba reelegirse como presidente de la mesa directiva de padres de familia, pese a que la reglamentación de la SEP prohíbe repetir en ese cargo.
En dichas imágenes se ve a Oropeza Poteciano, vestido de un traje azul, intentar frenar la difusión del resultado de la votación y lo hace lanzando amenazas, así como golpes.
Es apoyado por un grupo de mujeres vestidas de saco rosa, quienes eran madres de alumnos y maestras. Estas últimas gritan “traidoras” a quienes sufragaron en contra del saliente Comité de Padres de Familia.
