Un problema político, legal y social que puede crecer, sobre todo si no se gestiona bien por parte de los actores involucrados, es el reciente posicionamiento del alcalde de Cuautlancingo, Omar Muñoz Alfaro, para que el Congreso del estado defina los límites territoriales entre ese municipio conurbado y Puebla capital. La historia —esa gran maestra— nos muestra que un litigio de esta naturaleza —véase lo sucedido con la disputa que por años y años protagonizaron San Andrés Cholula y Puebla por idénticas razones— va más allá de una simple diferencia de orden jurídico. Se trata de derechos históricos no reconocidos, por desidia, desinterés o bloqueos políticos, a una población, la de Cuautlancingo, que ha sido despojada de lo que en derecho le corresponde. La zona en disputa, específicamente, es la de calzada Zavaleta, donde cientos de comercios y viviendas tributan a Puebla capital cuando en realidad deberían estarlo haciendo a Cuautlancingo. Los ingresos por el pago de predial y otros impuestos no llegan a donde deberían llegar. Son más de 5 mil las cuentas de predial en esa situación. Es una cifra anual millonaria la que se deja de recaudar. Hay un decreto, que data de 1962, que le otorga la razón a Cuautlancingo, que reclama incluso la zona que comienza a partir del Puente México y termina en la junta auxiliar Ignacio Romero Vargas. Por cierto: el citado Puente México, que existe desde 1708, presume en su parte superior el escudo oficial de… ¡Cuautlancingo! A pesar de todo lo anterior, en su infinita ignorancia, el presidente del Congreso, Pável Gaspar Ramírez, ha salido a descalificar la postura de Omar Muñoz. Pável no tiene una sola idea del tema y aún así se cree en el derecho de opinar. No ha podido con el asunto de San Francisco Totimehuacan, ni con muchos otros —como el de infancias trans—. Su dueño y supuesto asesor, el adicto en rehabilitación Édgar Salomón Escorza, tampoco lo ayuda mucho que digamos.
Históricamente, en el estado de Puebla, las colindancias entre municipios no han estado del todo claras. Ello impacta en la calidad de vida de los ciudadanos, que no solo no saben a quién pagar sus impuestos, sino a quién exigir seguridad, agua potable, recolección de basura, reparación de calles y un largo etcétera. Hasta hoy nadie se ha ocupado verdaderamente por los asuntos metropolitanos. Véase el reciente conflicto de los municipios vecinos a Puebla capital con el asunto de los desperdicios que generamos a diario. Tras los problemas en el relleno sanitario de Chiltepeque, han tenido que irse hasta Atlixco a depositarlos. Es solo un ejemplo…
No, no hay guerra entre Cuautlancingo y Puebla. Hasta hoy es únicamente un reclamo, que se formalizará ante el poder Legislativo —a pesar de Pável y su banda de inútiles—. Pero, efectivamente, puede acabar en guerra —político, legal y social— si (reitero) las partes involucradas, y sobre todo el Congreso del estado, no hacen bien su tarea. De ser así, como siempre, el costo lo terminarán pagando los ciudadanos, que seguirán viviendo en la incertidumbre y sin ser de aquí, pero tampoco de allá.

