Un auténtico agravio se ha cometido contra la educación superior de Puebla el nombrar a Jacobo Aguilar Sánchez como nuevo director de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), en el campus de Tehuacán, al carecer de experiencia y formación académica para ocupar esa responsabilidad. Su único antecedente notorio es que ha sido candidato de todos los partidos políticos buscando ser diputado o alcalde de esta ciudad y siempre ha fracasado en todos esos proyectos. Es un personaje que tiene el precedente de nunca haber pisado un aula de cualquier nivel educativo desde el punto de vista laboral.
Aunque el responsable de ese desastroso nombramiento es sin duda Manuel Viveros Narciso, el titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), que repite el mismo vicio –iniciado por anteriores gobiernos– de excluir a académicos en las asignaciones de cargos de rectores o directores de las instituciones de educación superior que dependen del Poder Ejecutivo.
Con ello se muestra un claro menosprecio hacia las universidades, ya que se ve a estos centros educativos como simples unidades administrativas en donde se coloca a personajes que se les debe dar trabajo a partir de intereses políticos, sin atender criterios de carácter pedagógicos y de formación profesional.
Solo de esa manera pudo ocurrir que, de acuerdo con la opinión de alumnos y maestros, habiendo un buen director de la UPN en Tehuacán, en la figura de Andrés Jaime López Cid, fuera removido de un día para otro y lo sustituyera Jacobo Aguilar, quien nunca “ha puesto un pie” en esta universidad o en cualquier otra institución del ramo.
La UPN nació en 1978 como un modelo educativo para brindar, entre otros objetivos, estudios de posgrado a los maestros del país. Se creó para desarrollar proyectos de investigación en materia pedagógica y contribuir a elevar la calidad de la educación pública de México.
A partir de esa visión surge un par de interrogantes básicas: ¿cómo se puede nombrar director de la UPN a una persona que nunca ha sido docente?, ¿qué puede enseñar a los futuros maestros alguien que no siquiera ha dado una clase de preescolar?
La respuesta es muy elemental: la SEP cometió un despropósito con la asignación de Aguilar Sánchez como titular de dicha institución.
Jacobo Aguilar Sánchez hasta hace unos días se desempeñaba como delegado en Tehuacán de la Secretaría de Gobernación estatal y fue retirado de esa responsabilidad, cuentan los enterados, por haber tenido un desempeño incompetente.
Antes de su paso por Gobernación, su trayectoria se puede describir de manera resumida de esta manera: lleva años intentando ganar un cargo de elección popular y siempre acaba mal con los partidos que lo postulan.
Proviene de una familia que le ha interesado el poder político. Su madre fue parte del Cabildo de Tehuacán, bajo las siglas de Movimiento Ciudadano, en el gobierno de Felipe Patjane Martínez, en 2018. Mientras que un hermano fue regidor, pero por el PRI, en la administración municipal de la exedil Ernestina Fernández.
En el caso de Jacobo Aguilar ha sido candidato en tres ocasiones y no ha logrado ganar nada.
Su carrera inició como líder del Frente Juvenil Revolucionario del PRI y con el paso del tiempo desertó de las filas del tricolor.
Más tarde logró obtener una postulación como aspirante a diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática, pese a que no tenía militancia en esa fuerza política. Acabó derrotado por Morena y se fue de mala gana del PRD.
En 2021 saltó al Partido Acción Nacional y se colocó como candidato a alcalde de Tehuacán.
El proyecto fue un auténtico desastre, pues la oposición más importante a su postulación surgió entre líderes, militantes y ex alcaldes panistas que acusaron al entonces abanderado de no tener ninguna identidad con la fuerza política de la derecha.
Una vez que no ganó nada bajo las siglas del PAN, abandonó al partido conservador y ahora se muestra como parte de los activos políticos de la 4T.
No cabe duda de que es un hombre sin lealtad a ningún partido y es versátil para cambiar de fuerza política, como si se tratara de “cambiarse de calcetines”.
Jacobo Aguilar tiene todo el derecho de intentar las veces que se necesario el buscar un cargo de elección popular.
Lo que no tiene derecho es hacerse cargo de una institución de educación superior que necesita una conducción con expertos en administración educativa y con formación académica en temas pedagógicos.
Este martes, Susana Wuotto Cruz, quien hace dos décadas fue una destacada legisladora local y ahora es directiva del Colegio México de Tehuacán, publicó el siguiente mensaje en sus redes sociales: “El primer acto de corrupción de un funcionario público es aceptar un cargo para el cual no está preparado”.
Una frase que se acomoda a la perfección al nombramiento de Jacobo Aguilar como cabeza de la UPN en Tehuacán.
