El PAN poblano –encabezado por Mario Riestra Piña y Genoveva Huerta Villegas– ha prometido que para enfrentar con eficacia y contundencia el proceso electoral de 2027, solamente se postulará a candidatos que estén bien posicionados en la opinión pública, sin importar que no sean panistas. Es un planteamiento que suena atractivo hasta que el partido de la derecha, en los hechos, se contradice al proteger y apoyar a Filomeno Sarmiento Torres, el exalcalde de Cuautlancingo, que está señalado de ejercer un cacicazgo político, de haber cometido una larga estela de anomalías con los recursos públicos que controló en el pasado trienio y de estarse preparando para volver a aparecer en las boletas de los próximos comicios.
Sarmiento ha sido dos veces alcalde de Cuautlancingo –en los trienios de 2011 a 2014 y de 2021 a 2024– y es actualmente secretario de la cartera de Acción de Gobierno en el Comité Directivo Estatal del PAN.
Como resultado de su última gestión municipal, enfrenta señalamientos en los órganos de fiscalización de presuntas irregularidades que rebasan los 260 millones de pesos, de recursos públicos estatales y federales. Junto con acusaciones de que tenía a 50 parientes en las nóminas del Ayuntamiento, habría pagado contratos a empresas “fantasmas” y dejó obras inconclusas o mal construidas.
Además, ha enfrentado acusaciones de violencia de género y de ejercer un férreo cacicazgo en las filas del Partido Acción Nacional, pues solo su grupo es el único que tiene cabida en esta fuerza política.
Lo que pasó con el desempeño de Sarmiento “sale a colación” porque Mario Riestra y Genoveva Huerta realizaron –ayer miércoles– una gira por Cuautlancingo y un tema central fue: ¿qué va a pasar con el exalcalde en el proceso electoral que se avecina?
Ambos dirigentes llegaron a este municipio exponiendo, desplegando, su proyecto electoral para los comicios del próximo año, en el cual plantean que los candidatos, sean o no sean panistas, deben tener altos niveles de aprobación y popularidad social.
Con esa idea han advertido que en las postulaciones no habrá “cuotas de poder”, decisiones a favor de los “amigos” de los dirigentes albiazules y mucho menos “dedazos”, pues todo se decidirá con el levantamiento de encuestas.
Pero todas esas buenas intenciones se esfumaban ante las preguntas obligadas:
¿Filomeno Sarmiento o su esposa, Mayra Ramírez, pueden ser candidatos en 2027?
¿Es admisible una posible postulación del exalcalde con los abultados señalamientos de anomalías financieras en su última gestión municipal?
¿Puede repetir de candidato alguien que perdió el intento de reelección en 2024?
Y fue entonces cuando el discurso optimista de Huerta y Riestra simplemente “no encontró la cuadratura del círculo”.
Ambos nunca pudieron decir si Sarmiento y su esposa podrían ser o no candidatos.
A cada interrogante había una evasión.
Para justificar los datos negativos de Sarmiento hablaban del proyecto de reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, de la reciente elección del nuevo auditor general del estado, de la propaganda de los aspirantes presidenciales de Morena en 2024, de las conferencias “mañaneras” del ex presidente Andrés Manuel López Obrador.
Incluso para intentar hablar bien de el exedil destacaron que en su gestión se construyó un hospital del IMSS en Cuautlancingo, sin importar que esa es una obra de carácter federal y que se creó bajo la gestión de la 4T.
Es decir, todo el tiempo “se salieron por la tangente”, ante la falta de argumentos para defender a uno de los exalcaldes panistas más cuestionados.
En varias ocasiones Mario Riestra ponderó –en un encuentro con la prensa local– que, en la próxima elección de candidatos a alcaldes y diputados, no habrá el llamado “dedazo”, es decir, la imposición de aspirantes. “Ya nos cortamos el dedito”, insistió con especial énfasis.
Entonces, surge un cuestionamiento claro: ¿por qué los dirigentes panistas no aceptan la más mínima crítica hacia Sarmiento?, si ya no habrá imposiciones.
Pareciera entonces que antes de levantarse las encuestas que medirán a los aspirantes a candidatos en Cuautlancingo, ya están impulsando el exedil para que busque por tercera vez ser alcalde, sin importar el rechazo ciudadano que hay en contra de este personaje y la promesa de que ahora sí habrá abanderados bien calificados por la opinión pública.
Queda claro que ni Riestra ni Huerta no entienden las razones por la cuales Sarmiento perdió la reelección en 2024.
Y no dimensionan el alto costo de defender a un exalcalde impresentable.




