Aunque no hay un plazo oficial, se dice al interior de clero católico que el relevo del arzobispo de Puebla, José Víctor Manuel Valentín Sánchez Espinosa, “ya está a la vuelta de la esquina”. Es probable que se produzca al final del presente mes o en febrero. Con ello concluiría el ciclo de 16 años del actual preado de la Arquidiócesis poblana, que supo ser un líder religioso doctrinal, conciliador y alejado de las expresiones de la extrema derecha.
Por ahora hay una lista de cinco nombres que “suenan” fuerte para sustituir a Víctor Sánchez Espinosa, quien presentó formalmente su renuncia al Vaticano en agosto pasado, tres meses después de cumplir 75 años, que es la edad que en el canon 401 del Derecho Canónico exige el retiro de los jerarcas de este culto religioso.
El arzobispo cumplió los 75 años el 21 de mayo pasado, pero la muerte de Francisco, el anterior papa, ocurrida exactamente un mes antes del onomástico del prelado poblano retrasó el proceso para que presentara su solicitud de renuncia.
Incluso se cree que, si no hubiera muerto Jorge Mario Bergoglio –nombre real del anterior papa de nacionalidad argentina–, era muy probable que la aceptación de la renuncia de Víctor Sánchez Espinosa se hubiera demorado mucho, no solo meses, sino tal vez varios años.
Algo similar a lo que ocurrió con el anterior arzobispo poblano, Rosendo Huesca y Pacheco, que hasta los dos años de haber gestionado su renuncia se le sustituyó. Como un reconocimiento a que fue un buen dirigente católico.
Una característica principal de Sánchez Espinosa es que era uno de los obispos mexicanos con más identidad con el papa Francisco, quien era partidario de la corriente “opción por los pobres”. Una condición que es palpable en el primero de ellos que nunca mostró gusto por la vida onerosa y cercana a las elites políticas y económicas, tal como si ocurre con la mayoría de los prelados del país.
Al revés, el actual obispo, aunque se muestra plural ante todas las corrientes internas de la Iglesia católica, nunca comulgó con las expresiones de extrema derecha como es el Opus Dei, El Yunque y los Legionarios de Cristo Rey, que tienen un fuerte dominio en Puebla.
Eso le ganó ser uno de los obispos mexicanos mejor valorados desde el Vaticano.
Tal situación plantea entonces una pregunta: ¿si Víctor Sánchez Espinosa fue bien visto en el Estado Vaticano, por qué se le quiere sustituir a los cinco meses de presentar su carta de renuncia?
Una respuesta clara se puede observar en lo que recientemente pasó en la Diócesis de Morelia, Michoacán, en donde el obispo Carlos Garfias Merlos cumplió 75 años apenas el pasado 9 de enero y el lunes de esta semana le aceptaron la renuncia; además de que ya se nombró a su sucesor, que será José Armando Álvarez Cano, quien es obispo coadjutor de la misma demarcación religiosa.
Este jueves habrá una celebración en la Catedral de Morelia para despedir a Garfias Merlos y en el mismo recinto, el próximo día 30 de enero, habrá la sustitución del jefe de gobierno de dicha diócesis.
Fue un proceso fast track por dos razones de peso: los problemas de salud de Carlos Garfias y la necesidad del nuevo papa, León XIV, de empezar a “sembrar” nuevos obispos que sean parte de su misma visión dentro de la Iglesia católica.
Hasta ahora el estadounidense Robert Francis Prevost, es decir, León XIV, ha resultado ser un papa poco lucidor y no se acaba de comprender cuál es su pensamiento político y religioso. Es muy cauto y a diferencia de su antecesor, no busca revolucionar a este culto religioso, aunque muchos lo vean como un hombre más orientado a la izquierda.
Por lo que no se sabe cuál es el perfil que buscaría para la Arquidiócesis de Puebla, que es una de las demarcaciones más importantes del universo católico de América Latina.
La manera en que recientemente se resolvió la sucesión pastoral en Morelia, hace suponer que crecen mucho los bonos de dos personajes para ser tomados en cuenta como los continuadores de la obra doctrinal de Víctor Sánchez Espinosa.
Son los casos de Francisco Javier Martínez y Tomás López Durán, quienes son obispos auxiliares de la Arquidiócesis de Puebla. El primero tiene 50 años y el segundo, 65 años.
Muchos consideran que el aspirante más fuerte es Eugenio Andrés Lira Rugarcía, mejor conocido como “El padre Lira”.
Eugenio Lira tiene 59 años, es obispo en Matamoros, Tamaulipas; preside la Pastoral de Movilidad Humana, que es muy relevante frente a la política antiinmigratoria de Estados Unidos y cuenta con fuerte conexiones políticas, al ser muy cercano al influyente Christophe Louis Yves Georges Pierre, quien es el nuncio apostólico en la Unión Americana.
Lira, quien es originario de Puebla, es visto como un clérigo conservador y de derecha, lo cual podría limitar el ser tomado en cuenta para ocupar el gobierno católico de la Arquidiócesis poblana, misma que siempre ha querido presidir.
Otros dos nombres que suenan mucho son Dagoberto Sosa Aguirre y Jorge Carlos Patrón Wong, quienes son obispos de Tlapa, Guerrero, y de Xalapa, Veracruz, respectivamente.
Sosa Aguirre es un clérigo de izquierda, que ha estado muy involucrado en la defensa de los derechos humanos en la zona de la Montaña de Guerrero y en el movimiento de los padres de familia de “los 43 desaparecidos de Ayotzinapa”.
Su principal obstáculo es que tiene 70 años y le quedaría un periodo muy corto para tomar las riendas de la Arquidiócesis de Puebla, en caso de que lo mandaran como sustituto de Víctor Sánchez Espinosa.
Patrón Wong tiene 68 años y es de la corriente doctrinal de la Iglesia católica. Tiene un cuatrienio que lo designaron obispo en la capital veracruzana.
