Una foto llamó poderosamente la atención la semana pasada, dos ex presidentes municipales de Puebla aparecieron juntos con el líder estatal del PAN, Mario Riestra Piña, y con el ex consejero presidente del IFE, Luis Carlos (El Maguito) Ugalde.
Los exalcaldes Blanca Alcalá y Enrique Doger desayunaron junto con Riestra y otros integrantes del PAN, con quien fue el consejero presidente más polémico en la historia del ahora INE, el mismo que se tardó en dar a conocer los resultados de la elección más cerrada de la historia, la del 2006, y que por su torpeza le dio todas las herramientas a López Obrador para armar su historia del fraude más escandalosa en la historia y permitió que se creara el mito del “Peje”.
Alcalá y Doger aparecen al lado de Mario Riestra, en uno de los salones del Club de Empresarios de Puebla, con Ugalde, quien, hay que decirlo, también asesoró a Rafael Moreno Valle, junto con Virgilio Andrade, para la elaboración de la Reforma Electoral de Puebla, la cual derivó en el bodrio de la minigubernatura y de las presidencias de 4 años y 8 meses, para empatar los tiempos electorales de la entidad con los apetitos del difunto gobernador, quien ansiaba ser candidato a la Presidencia de la República.
Pero, volviendo al tema principal de esta entrega, Doger y Blanca fueron los últimos presidentes municipales emanados del PRI en gobernar la ciudad de Puebla.
Ambos llegaron por tener un perfil ciudadano, no identificado con el priismo rancio de los setentas, ochentas y noventas. Los dos, además, son personajes sumamente inteligentes e identificados con el tema académico.
Doger Guerrero (y vaya que hace honor a su segundo apellido), gobernó la ciudad de Puebla de 2005 a 2008 y su periodo estuvo marcado por sus constantes enfrentamientos con el entonces gobernador, Mario Marín, quien no lo quería, incluso siendo candidato a la alcaldía en 2004, el originario de Nativitas, Cuautempan, junta auxiliar de Coyomeapan, declaró al gran periodista Arturo Luna Silva, que él hubiera preferido como candidatos a Zavala, Montero o Valentín.
Enrique Doger es un tipo brillante, echado para adelante, fue diputado local y federal por el PRI, delegado del IMSS y candidato a la gubernatura por el PRI en el 2018, el último priista en registrar una votación por arriba de los 580 mil sufragios.
Blanca Alcalá fue hechura de Manuel Bartlett Díaz, brillante estudiante becada de la UDLAP, egresada de Relaciones Internacionales y con múltiples blasones profesionales.
Era diputada local y presidenta de la mesa directiva cuando se aprobó precisamente en tiempos de Bartlett la Ley para el Federalismo Hacendario, la famosa “Ley Bartlett” elaborada entre otros por Carlos Meza Viveros y el no menos brillante abogado Ernesto Ramírez.
Su actuación en este capítulo le valió ser secretaria de Finanzas, sustituyendo a su gran amigo, José Luis Flores Hernández, quien, al caer derrotado ante Melquiades Morales Flores en 1998 por la candidatura a la gubernatura de Puebla, impulsó a Blanca para ser delegada de Banobras en Puebla.
En 2001, Blanca compitió contra Carlos Alberto Julián y Nácer, Mario Montero y Víctor Gabriel Chedraui por la candidatura del PRI a la alcaldía de Puebla, la cual recayó en Julián y Nácer, quien perdió contra el panista Luis Paredes Moctezuma, expresidente de la Canaco.
La gran oportunidad de Blanca llegaría en 2007 en plena crisis del marinismo y en donde el PRI tenía que buscar un candidato para mantener el control de Puebla capital, que no estuviera ligado al desprestigiado grupo político gobernante. Se pensó en el exfutbolista Roberto Ruiz Esparza, quien era impulsado por un grupo de empresarios que hoy tienen estaciones de radio, pero el ex diputado federal del PAN no le llenaba el “ojo” a Marín.
También se analizó si el empresario, hoy presidente municipal de Puebla, Pepe Chedraui, podía ser un buen aspirante, pero tampoco fue del gusto del entonces mandatario. Fue entonces que Valentín Meneses, en ese entonces presidente estatal del PRI, pensó en Blanca Alcalá, mujer, sin relación alguna con el grupo marinista.
Marín accedió a postular a Blanca como candidata porque daba por perdida la capital, luego del escándalo del Lydiagate, el tricolor estaba destrozado. La historia ya la he contado múltiples veces, Alcalá arrancó la campaña 20 puntos abajo y ganó por 20 puntos al panista Antonio Sánchez Díaz de Rivera, quien venía de ser subsecretario de Desarrollo Social del sexenio del entonces presidente de México, Felipe Calderón. Parte medular de la hazaña fue el diseño de la campaña mediática creada por el grupo Sosten e implementada en Puebla por el genial Rafa Quiroz (mi amigo), que en paz descanse.
Alcalá tuvo una buena administración, al igual que Doger, aunque fue muy atacada por el propio Marín para evitar que se convirtiera en la candidata a la gubernatura de Puebla por el PRI.
En 2012 encabezó la fórmula al Senado por el PRI y lo ganó en dupla con Lucero Saldaña, luego de los pactos entre Moreno Valle y Osorio Chong para apoyar a Peña Nieto.
En 2016 contendió por la gubernatura de Puebla y perdió ante Tony Gali, porque fue devastada por la “campaña negra” implementada por Moreno Valle y compañía.
En 2018 fue diputada federal del PRI e hizo papel notable en la Cámara baja.
Tanto Doger como Blanca están bien calificados en las encuestas que se hacen pese al paso del tiempo y pudieran ser buenas cartas de una alianza PAN y Movimiento Ciudadano rumbo al 2027. Ya se verá.




