Sigue la Ruta del Dinero, Baby
Por Mario Alberto Mejía
La Quinta Columna
Puebla, hacia 2010.
Eran los años del marinismo.
En una larga mesa del restaurante Kampai —entre calamares rellenos de cangrejo, sushi, Sakana Furai y Gohan—, Sergio Castro, el rey del outsourcing, departía con una docena de adolescentes.
Metido en su poder, escuchaba las gracejadas de los jóvenes pudientes con una sonrisa que lo decía todo.
Él, sin duda, pese a su pequeño tamaño, era el rey de la mesa.
Y ellos, los felices yuppies, lo sabían.
Y así se lo hacían sentir.
Nacido en Oaxaca, en el seno de una familia humilde, el rey del outsourcing se convirtió en un hombre millonario gracias a una tenacidad envidiable.
Hoy tenía todo: nombre, poder y dinero.
Era amigo de políticos.
El presidente de la República lo había invitado a su mesa en varias ocasiones.
Y qué decir de los gobernadores.
Todos querían estar con él.
Empezando por esos jóvenes de apellidos ilustres de la Puebla levítica.
Uno a uno los iba llamando.
Uno a uno corrían para acomodarse a su lado izquierdo.
Los whiskies corrían en esa escena de poder absoluto.
El vino blanco.
Alguna botella de champaña.
Las jóvenes debutantes miraban de soslayo, y con una envidia no disimulada, al receptor de tantos homenajes.
Él, modesto, triunfador, saboreaba su triunfo hablando bajo, lejos de la ostentación.
Eso sí: dueño de las miradas, de los suspiros y de los futuros de esos poblanos de cepa.
Hoy las cosas han cambiado.
Tras el anuncio oficial de que la Fiscalía General de la República (FGR) y la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) van tras los negocios ilícitos de 150 factureros que emiten, valga la redundancia, facturas falsas, el nombre de Sergio Castro apareció en la prensa nacional como uno de los objetivos principales de la trama.
Van tras él con todo.
Igual que como irán por quienes hicieron formidables fortunas lucrando con esas facturas hechizas.
¿Quiénes eran los clientes principales de los factureros en Puebla?
Todos: gobiernos, empresas, prestadores de servicios, organismos públicos con personalidad jurídica y patrimonio propios…
Todos compraban facturas como en un mercado de pulgas o como en el Gran Bazar de Estambul.
Se arremolinaban en torno de los factureros, les pedían por docena, les enviaban a sus contadores.
Fueron los héroes de la película hasta que llegó —en el caso poblano— el gobernador Miguel Barbosa Huerta.
Hoy están abiertas docenas de carpetas de investigación en las que sobresalen vendedores y compradores.
Los primeros han empezado a hablar.
Y hablan fuerte.
Y sueltan nombres.
Padecen el síndrome del murciélago de Wuhan: entre más chillan más escupen.
Como si fuera una pandemia, los factureros están contagiando a todos.
El trabajo para armar las carpetas de investigación es arduo.
Y hay quienes trabajan sábados y domingos para ese fin.
Los días dorados se acabaron.
El caso de Sergio Castro es un ejemplo.
¿A qué sitio de la memoria se fue a vivir —por ejemplo— esa comilona en el Kampai?
¿A dónde se fueron los whiskies y el Sakana Furai?
Ufff.
Qué historias, qué tramas, qué narrativas por venir.
Y todo esto, siempre, inevitablemente, nos lleva a esa gran frase del clásico: sigue la ruta del dinero, baby.
La Visión de los Vencidos. El libro de tres volúmenes de Enrique Cárdenas Sánchez, candidato perdedor en 2019, trae muchas historias, pero faltan otras.
Por ejemplo: la del dinero donado para fines académicos que terminó metido en una nómina de salarios onerosos y la del aspirante a una candidatura de MORENA que les tomó el pelo a muchos.
Veamos el segundo caso.
(El otro fue tema de reportajes en la prensa nacional y provocó que los donativos dejaran de llegar por violar la ley de las asociaciones civiles).
Es un caso singular porque va en sentido contrario de lo que plantea Poblanos en Contra de la Corrupción y la Impunidad —cuyo presidente es Cárdenas—: el combate a la simulación, a la mentira, a la trampa, a la transparencia: a todo eso que configura la corrupción.
Por eso, porque forma parte de la elección de 2018, hizo falta contar esta historia ya contada por quien esto escribe:
Cárdenas hizo creer a todos los aspirantes a la gubernatura en el 18 que él ya había hablado con López Obrador y que éste le había pedido que fuera el candidato a la gubernatura.
Tal situación nunca existió, pero siguió mintiendo.
Grabó un video para dar a conocer que sería el candidato de MORENA e inició sus giras.
El propio Miguel Barbosa ya se había hecho a un lado.
(Incluso anunció que aceptaría la decisión).
La mentira, la simulación, el engaño, todo siguió su curso de la mano de nuestro personaje.
Sólo un problema surgió: Barbosa fue enterado de la farsa y la comedia se vino abajo.
Cárdenas fue exhibido brutalmente.
Es una historia real que tiene que ver con la elección de 2018.
¿Por qué los empleados y los operadores de Cárdenas no la incluyeron en su libro sobre los procesos electorales del 18 y el 19?
Por una sencilla razón (un razón mustia): Poblanos en Contra de la Corrupción y la Impunidad patrocinó los tres volúmenes.
Y Cárdenas será todo lo que el hipócrita lector quiera, pero tonto no es.
No se va a exhibir en el libro que patrocinó.
¡Faltaba más!
