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Apuntes de la Guerra en Puebla

Apuntes de la Guerra en Puebla

Por Mario Alberto Mejía

La Quinta Columna

Cuando el presidente López Obrador vino a Puebla, el secretario de la Defensa Nacional admitió que la inseguridad pública en la entidad iba a la baja.

No fue un cumplido para el anfitrión (el gobernador Barbosa).

Fue la traducción técnica de una realidad.

Y esa traducción, hay que decirlo, es real.

Y no nació de la nada.

Nació del descabezamiento de decenas de grupos de la delincuencia organizada en Puebla.

Más de mil personas han ingresado a las cárceles del estado desde que el gobernador arrancó su gobierno.

(En un mes cumplirá un año al frente de Casa Aguayo).

La operación ha sido quirúrgica.

Hubo, primero, que ubicar a los capos.

En un pizarrón fueron trazadas las ligas.

Vino entonces el primer golpe.

Y de ahí se sucedieron los demás.

En el país no ha pasado lo mismo.

¿Cuántos golpes se han dado que quiebren a los grupos criminales?

Han sido pocos realmente.

Cayó el Menchito, sí, pero no el Mencho.

El hijo ya ha sido extraditado, sí, pero el padre —el peligroso— sigue vivo.

Lo peor: está enojado.

Y no hay nada peor en una serie de Netflix —y en la vida real— que un capo furioso.

Ya se vio el primer coletazo.

Y ya vino la segunda amenaza.

Los capos no juegan.

Cuentan con inteligencia militar y política, con armas de alto poder, con dinero de sobra, con infiltrados poderosos en los gobiernos, con jueces y magistrados, con empresarios, con ingenieros en sistemas, con expertos en prospectiva, y con todo aquello con lo que no cuenta el gobierno.

El resultado es visible.

Es evidente.

Y es aterrador.

Guanajuato es otro ejemplo.

Las cosas están tan descompuestas que no hay forma de arreglarlas.

Un capo —el Marro— es el charro panzón del Bajío.

(El cacique gordo de Cempoala).

Ya dio una prueba, ay, de su poder omnímodo al ordenar que dejaran en libertad a su progenitora.

(¡Por mi madre, bohemios!).

Nomás faltaba.

Hacia tales escenarios corría el estado de Puebla.

El periodo de la transición le sirvió al gobernador Barbosa para terminar de afinar el mapa que ya venía trazando.

Ubicó las cabezas y sus zonas de influencia.

Detectó a los aliados.

Tuvo datos de sus armas.

Generó la estrategia.

Una vez que llegó a Casa Aguayo se metió de lleno en ese plan.

El resultado es abrumador.

Una entidad que iba a galope hacia la inseguridad absoluta cambió de rumbo.

Hoy, casi un año después, los resultados son alentadores.

Los grupos criminales están siendo minados todos los días.

La cabeza más reciente es la del Loco Téllez: un modesto chofer de pipa de gas que se convirtió en el más sanguinario de los criminales.

Y el que más planes de crecimiento tenía.

En sus nóminas cobraban todos.

O casi todos.

Eso bastó para hacer la diferencia.

Hoy está en prisión con un pesado expediente a sus espaldas.

Las amenazas de levantamiento de sus parias y huestes quedaron solamente en eso: amenazas.

Flacas, pálidas, amenazas.

A casi un año de iniciado su gobierno, Miguel Barbosa le ha dado un estilo personal a su mandato.

Un estilo duro que no admite concesiones.

Un estilo brutal a veces.

Pero estilo, al final de cuentas.

En menos de un año, el gobernador desmontó un aparato político-financiero que tuvo vigencia durante casi una década.

No ha sido fácil.

Su tenacidad es la clave de esta trama.

Fe y voluntad, en otras palabras.

Hacerlo en plena pandemia es otro de sus logros.

Pero ésa es otra historia.

La Novelita Poblana. El lunes 17 de febrero de 2020 apareció el primer capítulo de la novelita por entregas Está Dicho que Nadie Debe Saber Nada.

Muchos ríos han corrido desde entonces.

Apareció ContraRéplica Puebla, vino el coronavirus, le siguió el confinamiento, cayeron el Tío y el Loco Téllez, tembló, Audi y VW regresaron a los trabajadores a sus plantas, los restaurantes están por reabrir, y llegó, retrasada, la temporada de lluvias.

Y en medio de todo esto: la Novelita por Entregas arribó al capítulo 89.

Es hora de hacer un receso para dar paso al parto del Tomo II de Un Día Nos Moriremos Todos.

Gracias a los hipócritas lectores por su generosa lectura.

Nota Bene: las ilustraciones de los 89 capítulos —que abarcan del 17 de febrero al 30 de junio— son del genial Elmer Sosa.