Hay un pacto de impunidad para el hampa de la región de Huejotzingo
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
Para entender el contexto en el cual fueron asesinados tres estudiantes de Medicina -dos de la UPAEP y uno de la UAP- y un chofer de Uber es necesario revisar la estadística oficial de la región VII del estado de Puebla, en donde se observa que Huejotzingo en el cierre de 2019 tuvo un fuerte incremento del 22 por ciento en su índice delictivo, superando en mucho a San Martín Texmelucan, que tuvo una caída del 11 por ciento.
Más allá de lo frío de la estadística, en esa región es un secreto a voces que en los últimos 12 años ha existido una especie de pacto entre agrupaciones criminales y algunas autoridades de todos los niveles de gobierno que han permitido convertir el corredor que va de San Pedro Cholula a Coronango, Juan C. Bonilla, Huejotzingo, San Miguel Xoxtla y San Martín Texmelucan, en una zona de huachicol, de constantes asaltos carreteros y a comercios, extorsiones, “levantones” y secuestros.
Y que las bandas que operan en la región tienen su epicentro en la zona de Huejotzingo, por ser el punto intermedio entre toda esa zona.
Desde que Huejotzingo fue gobernador por Alberto Espinosa Guevara –quien era del PRI–, en el trienio de 2008 y 2011, se registró en Huejotzingo un creciente negocio de robo de combustible. Dejó de ser una actividad de grupos menores y se empezó a notar cierta sofisticación. Algo que no ocurría en el resto del estado.
A lo largo de los mandatos de los ediles Felipe Corzo y Carlos Morales –el primero panista y el segundo priista–, a la región llegaron bandas que empezaron a hacer crecer el robo de combustible y desplazar, o mejor dicho “limpiar” la zona, de grupos caseros que controlaban a baja escala la venta de huachicol.
En un principio esas organizaciones actuaban con discreción y solo se concretaban a actuar con violencia contra otros grupos huachicoleros. Pero en los últimos años se han diversificado al robo, la extorsión y el secuestro, gozando de plena impunidad.
De esas organizaciones la que más destaca es la conocida como “Los Chilangos”, que del robo de combustible se diversificó hacia los secuestros de comerciantes.
A esta banda se le atribuye la ejecución de “El pelón Villegas”, quien al parecer controlaba una parte del robo de combustible en San Martín Texmelucan y lo mataron en Clavijero, como parte de un ajuste entre bandas huachicoleras.
El reino de “Los Chilangos”, cuyos integrantes era de el estado de México, de Santa Rita Tlahuapan y San Miguel Xoxtla, se vino abajo cuando a mediados del año pasado fue asesinado Luis Gerardo Tinoco, entonces delegado de la Secretaría General de Gobierno, y a su vez se encontró 18 cuerpos en una fosa clandestina en la comunidad de Santa María Tianguistenco, que al parecer eran victimas de secuestros.
Sin duda fue positivo que fueran aprehendido la mayor parte de “Los Chilangos”, pero el problema es que siguen actuando muchos grupos similares.
Como parte de un pacto entre crimen organizado y autoridades de esa región. Algunos alcaldes en los últimos 12 años –se dice– que han pactado directamente con esos grupos y otros tantos, hacen que no se dan cuenta de la actividad del hampa.
