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Distanciamiento entre el presidente y el candidato del PRI

Distanciamiento entre el presidente y el candidato del PRI

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

El fin de semana tuvo su mejor acto de campaña el candidato priista Alberto Jiménez Merino, pues logró reunir a varios cientos de mujeres y a dirigentes locales y nacionales del organismo femenil del tricolor. Sin embargo lo que más llamó la atención fue que el presidente estatal del PRI, Lorenzo Rivera Sosa, llegó al acto con 25 minutos de retraso, sin mucho ánimo y solo cumpliendo con el compromiso de asistir.

Esa actitud es una muestra de que se ha acrecentado el distanciamiento que existe entre el candidato y el presidente del PRI.

No es que exista un pleito directo entre Alberto Jiménez Merino y Lorenzo Rivera, pero el segundo de ellos no ha hecho el más mínimo esfuerzo para que mejorar la alicaída campaña electoral del PRI, la cual es la peor en toda la historia del Partido Revolucionario Institucional.

Muchos dicen en el PRI que para nadie es un secreto que Lorenzo Rivera Sosa ha adoptado una actitud de “dejar hacer, dejar pasar”, y que su trabajo político no se ha distraído en buscar mejorar la campaña de Alberto Jiménez Merino, sino su verdadero objetivo es aprovechar su posición para conseguir que su hijo Lorenzo Rivera Nava, en la próxima contienda electoral, se convierta en diputado federal por un distrito de la Sierra Norte.

Incluso en la percepción de algunos actores de la dirigencia del partido se ve a Lorenzo Rivera como parte del grupo de líderes priistas que están a favor del triunfo de Morena en la elección del 2 de junio.

Situación que se percibe en dos rasgos del presidente del Comité Directivo Estatal del PRI:

Primero: tres destacados priistas, Javier López Zavala, Juan Carlos Lastiri Quirós y José Luis Márquez, con discreción y usando a terceras personas, están actuando en el actual proceso electoral, pero no a favor del PRI, sino de Morena. Es decir, se mueven a favor de la fuerza política que tendrá el poder político y económico del estado en el siguiente lustro.

Esos tres priistas tienen algo en común: una estrecha relación de amistad con Lorenzo Rivera Sosas, el presidente del PRI. Una condición que hasta donde se sabe, no se encuentra en una etapa de ruptura o de confrontación.

Javier López Zavala, cuando era el hombre fuerte del PRI, ayudó a Lorenzo Rivera a convertirse en legislador y encumbró a su grupo político.

Juan Carlos Lastiri colocó a Lorenzo Rivera como delegado de la extinta Secretaría de Desarrollo Social, al final del sexenio de Enrique Peña Nieto, y ambos comparten a los mismos operadores políticos en la Sierra Norte y en 2018, los dos –se dice– que colaboraron de manera velada a favor de la entonces candidata del PAN a la gubernatura de Puebla, Martha Érika Alonso. Es decir comparten proyectos en común.

José Luis Márquez ha sido operador electoral de Lorenzo Rivera siempre que ha buscado un cargo de elección popular.

Para nadie es un secreto que Javier López Zavala, quien fue el candidato del PRI a la gubernatura en 2010, ha encausado a varios ex alcaldes priistas para que se sumen a la campaña de Morena.

Que Juan Carlos Lastiri, el exsubsecretario de Sedatu y Sedesol, sin aparecer en actos públicos, está moviendo a una serie de operadores electorales para que los comités municipales del PRI no se involucren en la campaña de Alberto Jiménez Merino o se sumen a la izquierda.

Sin contar que Vanesa Barahona, una mujer que forma parte del grupo político de Lastiri, actualmente está integrada al equipo de Morena en el área de atención a organizaciones civiles.

Y que José Luis Márquez, en su calidad de subsecretario de Gobierno, guardando las formas, también está apostado a favor de Morena.

Frente al comportamiento de esos tres priistas, Lorenzo Rivera guarda silencio y hace que no se entera de nada.

La exigencia de que sean expulsados del PRI ha surgido de otras voces en el partido, menos de la presidencia del partido.

Un segundo rasgo es que Lorenzo Rivera, de toda la dirigencia del PRI, es el que hace las críticas o comentarios más suaves, casi imperceptibles, en contra de Morena y su candidato Luis Miguel Barbosa Huerta.