Cuitlatlán
Por: Fermín Alejandro García
La transición entre lo que será el gobierno de Antonio Gali Fayad y la administración saliente de Rafael Moreno Valle Rosas ha sido tersa, sin mayores complicaciones. Sin embargo, lo que sí genera tensión entre los grupos de ambos políticos no es lo que pasará en el mediano plazo, sino en el proceso electoral de 2018, ante la perspectiva de que los morenovallistas buscarán no ceder todo el poder a la facción galista e intentarán controlar la sucesión en la gubernatura.
Ante tal escenario se dice que por ahora estaría conformándose un posible acuerdo entre el gobernador saliente y el entrante de cara al año 2018, el cual consistiría en lo siguiente:
Al grupo de Antonio Gali se le quedaría la candidatura del PAN y sus aliados para la alcaldía de la capital del estado, y a la facción de Rafael Moreno Valle Rosas la nominación del abanderado a la titularidad del Poder Ejecutivo.
Frente a ese escenario, se dice que por ahora en ambos grupos ha surgido un par de nombres que serían puestos a prueba para ambas candidaturas.
Por el lado de los galistas, Mario Riestra Piña ya es visto como un posible prospecto para ser candidato a edil de la capital en el año 2018. El actual secretario general del ayuntamiento de la capital y ex diputado local del Partido Acción Nacional es uno de los principales operadores políticos del grupo de Gali y podría ser colocado en una posición secundaría de la Secretaría General de Gobierno, para que desde ahí intente posicionarse.
Por su parte, en el grupo morenovallista se estaría analizado la figura de Juan Pablo Piña Kurczyn, el hijo del ex gobernador Mariano Piña Olaya y actual diputado federal panista por el distrito de Teziutlán.
Su trabajo político se ha orientado para buscar la posibilidad de ser aspirante a la gubernatura o una senaduría en el año 2018, bajo la idea de que es alguien que puede unir en una sola candidatura a expresiones del PRI y del PAN.
El próximo domingo Juan Pablo Piña Kurczyn rendirá su informe anual como legislador y será una primera prueba, buscará demostrar que si puede construir un acto político relevante.
En medio de ambos grupos, el de Moreno Valle y el de Gali, se ubica el edil de la capital, Luis Banck Serrato, quien también se le observa como un posible aspirante a la gubernatura y como alguien que podría representar una conciliación entre ambas facciones políticas.
Aunque el problema de Banck es que es muy mal político. Es un administrador parco, tecnócrata y nada mediático. Nunca ha competido a un cargo de elección popular y todo apunta que su falta de carisma lo convertiría en un candidato voluble.
Al mismo tiempo, algunas voces sostienen que sigue viva la posibilidad de que a Martha Erika Alonso, la esposa del gobernador, se le siga encumbrando para convertirse en una candidata natural a la titularidad del Poder Ejecutivo en el año 2018.
Incluso se dice que se tiene el proyecto de que en breve ella asuma la presidencia estatal del PAN, luego de que en la actualidad ocupa la secretaría general de ese partido.
Martha Erika es quien realmente manda en el PAN, y Jesús Giles, quien es el presidente del partido, es un títere de la esposa del gobernador.
La intención de colocarla a la cabeza del PAN sería para mandar un doble mensaje:
Por un lado que el grupo morenovallista seguirá mandando en Puebla, aún en el periodo en que Antonio Gali tome el control de la gubernatura.
Será una especie de contrapeso frente a Antonio Gali.
Y por otro lado, para que entre los todos los políticos locales se tenga presente que el grupo de Moreno Valle no está dispuesto a dejar el poder político y económico de Puebla.
Lo único de lo que por ahora hay certeza, de que la lucha por la sucesión de 2018 ya inició.
