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Las Ineptitudes de Nuestra Inepta Prensa

Las Ineptitudes de Nuestra Inepta Prensa

La Quinta Columna por Mario Alberto Mejía 

Partamos de un hecho brutal: en Puebla no existe el periodismo cultural. Los reporteros novatos son enviados de entrada a dos fuentes consideradas ominosas: Policía y Cultura.

Cuando los reporteros dan muestras de mediana calidad el editor en turno los "rescata" y los "sube" de nivel.

Salvo Moisés Ramos, no hay buenos periodistas culturales.

La mayoría son improvisados. No leen ni por equivocación.

No ven cine ni danza ni pintura.

Esto viene a cuento por las críticas llenas de lugares comunes que he leído en los últimos días sobre el Museo Internacional del Barroco.

Todas dicen lo mismo, empezando por el supuesto costo.

Vea el hipócrita lector: Juran que el MIB tuvo un monto superiora los 7 mil millones de pesos.

Y es que suman el costo original (unos mil 400 millones) con los gastos de operación (nóminas incluidas) de poco más de veinte años.

Es como si quien lee esto se comprara un carro en doscientos mil pesos y sumara los gastos por concepto de gasolina, servicios y cambio de llantas a lo largo de dos décadas.

El auto, claro está, tendría un precio muy diferente al original.

Así no se sacan los costos.

Pero como el MIB es el MIB bien vale la excepción.

De lo que se trata es de descalificar, de entrada, una obra que les ayudará a abrir los ojos a las próximas generaciones.

Nuestros reporteros culturales (y muchos de la fuente política) no han visto pintura.

Y los que la han visto, ha sido de paso, en Europa o en Estados Unidos, como para hacer hambre y sed antes de entrara un bar o un restaurante.

Esas voces ayunas de arte dicen que él dinero usado para el MIB debió haber ido a una bolsa que combatiera la pobreza.

La duda mata: ¿Desde cuándo tan preocupados por los pobres? Estos personajes -los críticos de salón- sólo tienen una preocupación: obtener buenos convenios, buenos contratos de obra pública o dádivas generosas que les permitirán seguir rasgándose las vestiduras porque los pobres siguen siendo ignorados por nuestras autoridades estatales.

Cosa curiosa: las dádivas que reciben suelen provenir de los programas federales para combatir precisamente el hambre y la pobreza.

En otras palabras: sus malas artes son patrocinadas con dinero destinado para los pobres, de los que son tan defensores.

Si los pobres les importaran no les quitarían sus recursos.

Regresemos ala prensa cultural. Una segunda mentira tiene que ver con el supuesto saqueo del Museo Bello y de la Catedral.

(Manuel Bartlett le puso la nota picaresca al asegurar que su Museo Patito de Arte Virreinal también fue saqueado).

Los asistentes al MIB verán, de entrada, que no hubo tal saqueo.

Cierto: hay algunas piezas del Bello o de la Catedral, pero nada considerable.

También se quejan de que algunos coleccionistas privados hayan prestado sus obras, cosa que ocurre todos los días en los grandes museos del mundo.

(En una nota leí que alguien se horrorizaba porque Angel Trauwitz, exfuncionario estatal y excandidato del PAN, hubiese prestado algunas obras. Incluso sugerían que eso era muy "sospechoso". Ignoran, faltaba más, que su tío Roberto fue un gran coleccionista de arte durante décadas).

La furia de nuestra prensa cultural no tiene fin.

Dicen que las obras del Bello han sido sacadas de su contexto original y que en el MIB han sido degradadas.

Lo curioso es que no explican suficientemente cuál es ese "contexto original".

El empresario José Luis Bello y González atesoró una importante colección privada que luce lo mismo dentro o fuera de su ámbito.

Es como si alguien se quejara de que Las Meninas de Velázquez no lucen igual en el Museo del Prado porque éste no fue su espacio original.

También argumentan que cuando el Louvre fue creado como museo no había pobres en París.

Un poco de historia universal no les caería mal a nuestros críticos aldeanos.

El Louvre nació poco después de la Revolución Francesa, cuando el hambre y la peste asolaban las calles de París.

Otros más dicen que para crear un museo hay que tener una obra propia de antemano.

En el mismo caso del Louvre, los coleccionistas privados -hombres de enorme poder económico y político-tuvieron a bien donar sus obras en un gesto que la humanidad entera mucho agradece.

(Hubo, además, una significativa nacionalización de las obras de arte de la realeza en desgracia).

Los ricos de Puebla -los cultos, los que atesoran cuadros y esculturas-harían muy bien en desprenderse de algunas de estas obras en beneficio del MIB y de futuros museos.

Publicaciones serias como la revista Nexos, de Héctor Aguilar Camín, cayeron en la tentación de tomar como fuente de información a nuestra prensa cultural y cometieron semejantes errores de imprecisión.

Termino mi comentario con la cita de un fragmento del reportero Josué Cantorán, de Lado B, que quiere pasar por crítico de arte con un vocabulario digno de Eduardo Torres, ridículo y emblemático personaje de la novela Lo demás es silencio, de Tito Monterroso.

Vea el hipócrita lector: "De la magna obra, inconclusa, salen grupos de entre cinco y ocho trabajadores de la construcción hacia rumbos distintos: ha llegado el momento del acto protocolar y es necesario mantener una imagen de completitud que se verá mermada si en el cuadro aparecen todavía los obreros dando fin a los detalles del inmueble inmenso que alberga la promesa de ser el más grande museo de una ciudad que ya cuenta al menos con otros veinte. (...) Si la historia (del MIB) no fue la de un saqueo patrimonial, sí fue la del disfrute de la desinformación y la saña en el bloqueo hacia la labor reportera".

"Completitud".

Oh.

Qué vocabulario tan grandilocuente.

Y esa reflexión final lo dice todo.

Ya que no hubo "saqueo patrimonial" sí hubo un "disfrute de la desinformación" y (mucha) "saña en el bloqueo hacia la labor reporteril".

Con estos reporteros culturales tan barrocos para qué queremos públicos cultos.

Viva el mole de guajolote.

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