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El PRI y el declive de las matracas

El PRI y el declive de las matracas

Mario Alberto Mejía / La Quintacolumna

(Apuntes sobre voto duro priista)

Ahora que varias plumas aseguran que el priismo poblano resucitó como el ave fénix (aunque al inicio y a la mitad de las campañas, e incluso horas después del cierre de las casillas el nerviosismo los carcomía por dentro), vale la pena detenerse un poco a analizar el voto duro priista, que, aunque sigue siendo competitivo, enfrenta una permanente caída.

Los datos duros, dicen los políticos con oficio, son cruciales e inapelables al momento de entender la realidad, la misma que en la actual borrachera triunfalista se niegan a aceptar aquellos que llevan cuatro años rumiando en su soledad la ausencia de jugosos convenios y negocios con algunos de los “finísimos” exfuncionarios del marinismo.

Vea el hipócrita lector:

En la elección federal del 2009, el priismo marinista sumó 586 mil 579 votos, mientras que su aliado el Verde Ecologista —que también sufre como su compañero partidista una caída permanente en la preferencia ciudadana— obtuvo 93 mil 784. Cabe precisar que salvo el distrito 11 en la capital poblana no hubo una alianza entre ambos institutos políticos en esos comicios, los cuales reportaron una participación del 38.14 por ciento del electorado.

Tres años después, en 2012, la alianza PRI-Verde en los 16 distritos sumó un total de 819 mil 595 repartidos de la siguiente forma: el PRI, 579 mil 168; Verde, 57 mil 273; y la figura PRI-Verde (así establecida en la boleta electoral), 188 mil 154. La elección en esa ocasión tuvo una alta participación electoral estimada en 62.73 por ciento.

En los comicios del 2015, de acuerdo con los datos preliminares, el PRI obtuvo 512 mil 618 sufragios, mientras que el Verde Ecologista, 80 mil 863.

A la luz de los datos duros y lejos de la reacción emocional de quienes desde el 2010 han sido barridos en el mapa electoral poblano, es evidente la caída del priismo local en su votación.

Entre 2009 y 2015, el PRI perdió 73 mil 961 sufragios, mientras que el Verde Ecologista 12 mil 921.

A primera vista se podría decir que el PRI tuvo una recuperación en el 2012 y las cosas no son tan malas como se pretende hacer creer.

Sí y no.

Volvamos a los datos duros y un ejercicio simple: Si comparamos el resultado del PRI y el Verde obtenidos conjuntamente en 2009, ambos suman un total de 680 mil 363, sin perder de vista que hubo sólo una participación electoral del 38.14 por ciento.

En tanto, en 2012 la sumatoria de la alianza PRI-Verde ascendió a 819 mil 595 sufragios, con una participación del 62.73 por ciento.

Entonces, ¿cómo determinar que fue mejor o peor?

Si restamos la diferencia entre la participación electoral entre ambas elecciones, esta es del 24.59 por ciento, que restadas a los votos obtenidos en la elección presidencial del 2012, nos arroja un total de 652 mil 294 sufragios.

Es decir: 28 mil 69 votos menos que tres años atrás.

¿Dónde está la supuesta mejoría?

Lo anterior confirma que la maquinaria priista se encuentra en un declive permanente.

Parafraseando al escritor chileno José Donoso, el tricolor se acerca lentamente a ese lugar donde van a morir los elefantes.

Pero eso no es todo.

El nivel de competitividad tricolor va en caída libre y enfrenta una cruel paradoja: su supervivencia depende de un hecho que critican agriamente al morenovallismo: sin alianzas no hay posibilidad de triunfo.

Por eso, aunque a muchos les dolió que el dirigente del Verde Ecologista en Puebla, Juan Pablo Kuri, haya asegurado que gracias al partido del tucán el priismo logró ganar, en los hechos es una realidad inobjetable.

Y para echarle un poco de sal a la rajada que pretenden ocultar las plumas adictas al partidazo, el Partido Acción Nacional mantiene un crecimiento constante en su votación.

Nuevamente los datos duros basándome en las elecciones intermedias: en 2009, Acción Nacional obtuvo 381 mil 766 votos y en 2015, 480 mil 249.

En otras palabras: en seis años incrementó sus sufragios en 98 mil 483.

Por cierto, resulta paradójico que haya voces que insistan en asegurar que en la elección del pasado domingo el priismo superó por 100 mil votos al PAN (que compitió solo), lo que demostraría no sólo un declive sino el supuesto cansancio ciudadano al gobierno estatal. Los datos duros ahí están a la vista de todos.

Lo que los priistas olvidaron decir es que, en política la aritmética no cumple caprichos.

Una Historia de Choferes. Rafael Micalco tiene en sus orígenes una biografía similar a la del venezolano Nicolás Maduro.

Y es que ambos se iniciaron en la política por el volante.

Me explico: tanto el dirigente estatal del PAN como el presidente totalitario de Venezuela fueron choferes de sus jefes.

El primero de Eduardo Rivera Pérez y el segundo de Hugo Chávez.

Como dirigente de Acción Nacional, Micalco perdió la ruta de navegación desde hace un tiempo, pues optó por seguir siendo sirviente de su jefe y de los amigos de este: los muy demeritados barones del Yunque en Puebla.

Micalco no puede pensar por sí solo porque sus patrones se lo impiden.

Son ellos los que le dictan el guión, las sesudas reflexiones y hasta los tuits.

Marginado de la reciente elección debido a su mansa servidumbre, Micalco eligió volverse un crítico de buró sin auditorio.

Sólo lo escuchaban su jefe Lalo, cerca del caño y el baño de servicio.

El más reciente tuit de Micalco es toda una obra de arte porque demuestra que, contra lo que creíamos, sí sabe sumar.

También lo mete en la antesala de aquellos que no saben que están muertos políticamente.

Ya se enterará cuando sólo le quede el volante de la camioneta chatarra que maneja.

Pobre Micalco.

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