La Doble Moral del Jefe Yunque (Historia de una Infamia)
Por Mario Alberto Mejía
No es un tema menor ni personal que un presidente municipal haya amenazado a los directivos del Instituto Militarizado Oriente con clausurarles una obra en caso de que no dieran de baja a una estudiante menor de edad que fue embarazada por su hijo de diecisiete años.
No es un tema menor ni personal que ese mismo presidente municipal le haya exigido discreción a la familia de la chica en este penoso asunto.
Y no es un tema menor ni personal porque quien está haciendo las amenazas —las advertencias, las exigencias— es el presidente municipal de una de las ciudades más importantes del país.
Eso, en México, en España, en Colombia, es simplemente un acto absoluto de poder.
Y más: un uso, reprobable, de su fuerza constitucional.
Fuerza, por cierto, que no contempla en actas la amenaza vulgar.
Nuestro personaje es, hasta este viernes a las 12 de la noche, el señor presidente municipal, no un ciudadano común y corriente.
El sábado, cuando se despierte, metido ya en la cruda de los tres años, se levantará de su cama, ahora sí, convertido en ese personaje corriente y común.
Un ciudadano despojado ya del poder que usó para amenazar a los sacerdotes del Oriente y a los padres de la chica.
Con ese poder a cuestas —con sus guaruras, con sus camionetas, con sus particulares y auxiliares— escupió dos amenazas que no son cualquier cosa.
Lejos está de parecerse la historia que el lector tiene ante sí al terrible caso de Karla López Albert.
Y es que aquí no hubo un abuso de autoridad y ningún funcionario profirió amenazas.
Nadie que yo sepa trató de amedrentar a nadie.
No se usó fuerza alguna para obligar a alguien a hacer algo en contra de su voluntad.
Fue un asunto —lamentable, execrable, injustificable— en el que hubo dos protagonistas: la víctima y el asesino.
Por eso no tiene nada que ver con este acto de poder.
Sobre todo cuando nuestro personaje es el líder del Yunque en Puebla, esa organización oscurantista que nació entre golpes de pecho y delirios medievales.
Le cuento al lector los pasajes completos de esta historia:
El hijo adolescente del yunquista católico y apostólico y romano era novio de una chica a la que ayer llamé "Samantha" —no es su nombre real— para no lastimar a una inocente.
El padre de Sam trabaja en una paraestatal, en la ciudad de México, y desde allá se enteró del feliz noviazgo.
De pronto, Sam resultó embarazada ante el susto de los dos adolescentes preparatorianos.
Los temores surgieron.
Las dudas.
Y pasaron las semanas.
Un día, inevitablemente, el tema reventó.
La furia del presidente municipal estalló inevitable.
Entonces ocurrieron varias cosas:
Se reunió con la directiva del Instituto Oriente y pidió que dieran de baja a la chica.
Las reticencias surgieron.
El alcalde insistió.
Los "no" se cruzaron con sus exigencias.
Vino entonces la amenaza: sí no acceden a mi petición clausuraré la obra que están haciendo en el colegio.
Los jesuitas cedieron.
Y sí, en efecto, Sam terminó saliendo de la escuela.
Hoy tiene cuatro meses y medio de embarazo (el producto de esa relación habrá de nacer en junio)y tuvo que irse a México a continuar con sus estudios de bachillerato en una preparatoria abierta.
Antes del exilio forzado hubo una reunión con la familia de la chica en la que aparecieron nuevas amenazas.
Una en particular: quédense callados, guarden discreción, no digan nada a nadie.
Y por sí no fuera suficiente, una frase textual: "Dile lo que acordamos en casa, que ahorita no estamos en posibilidades de tener nietos ni de que nuestro hijo se case. Es muy joven".
Esta historia abyecta de poder en contra de una menor de edad se dio en un contexto singular: entre las idas a la iglesia del muy beato alcalde, entre campañas en defensa de las mujeres que son violentadas por los hombres y entre cantidades industriales de hostias consumidas.
Así actúa, pues, un santo varón en las sombras clandestinas.
Sobra decir que ninguno de los amenazados quiere por el momento denunciar públicamente estas acciones.
El miedo, sin embargo, es un plato que está por romperse.
Breve Romance Entre Lalo y el CEN del PRI. A muchos llamó la atención que a la hora de las definiciones, en el contexto de la discusión en Cabildo de la Cuenta Pública 2013 de Eduardo Rivera Pérez, cuatro regidores priistas se hayan ausentado.
De inmediato se soltaron los demonios de la rumorología.
La senadora Blanca Alcalá y otros personajes fueron señalados como los autores de ese acto inusitado de apoyo al aún alcalde de Puebla.
No fue así.
El mismísimo César Camacho fue quien giró la orden en aras de ayudar a quién ve como víctima del gobernador Rafael Moreno Valle.
Quién iba a imaginar una alianza de esta naturaleza.
