Mientras Lydia Cacho está en el exilio, Marín juega futbol
Es incomprensible, carece de toda lógica, parece una escena de Fellini: mientras Mario Marín Torres está de regreso en Puebla –y juega futbol en la pulcra cancha de su residencia-, Lydia Cacho vive un exilio forzado a raíz de una serie de amenazas de muerte.
¿El mundo al revés?
Peor todavía.
A partir de febrero de 2006, cuando se hizo pública una aberrante conversación entre Kamel Nacif y Mario Marín, la figura de la escritora y periodista se volvió un icono.
Los premios llegaron.
También los reconocimientos de todo tipo.
Lydia Cacho siguió escribiendo, publicando y denunciando a pedófilos y pederastas.
En contraste: Marín se fue a vivir al ostracismo del alma y cada vez que aparecía en público era repudiado por quienes lo reconocían.
Marín salía de los restaurantes de la ciudad de México por la cocina y custodiado por sus guaruras.
A todo tren.
A toda carrera.
Hoy las cosas han dado un vuelco impresionante: Marín está de regreso en su residencia: con sus amigos, con sus partidos de futbol, con la tranquilidad que da la vuelta a casa, en tanto que Lydia Cacho tuvo que salir del país para esconderse en alguna ciudad del planeta: donde nadie la conozca: donde quienes la amenazaron no sepan ubicarla.
Todo empezó el domingo 29 de julio de 2012.
Ese día la periodista recibió una llamada telefónica en Cancún: “Ya te lo dijimos, pinche puta, no te metas con nosotros, se ve que no aprendiste con la vueltecita que te dieron. La que te va a tocar va a ser en pedacitos, así te vamos a mandar a casa, en pedacitos, pendeja”, le dijo la voz de un hombre.
De inmediato, Amnistía Internacional instó al gobierno de México a que “garantice la seguridad de Cacho y le brinde una efectiva protección”.
Entrevistado por el diario español El País, Ricardo González, portavoz de la organización Artículo 19, confirmó que Cacho “se encuentra momentáneamente fuera de México hasta que se den las condiciones para que pueda desarrollar su vida dentro con normalidad”.
Sobra decir que las amenazas en su contra iniciaron en 2005, una vez que publicó “Los Demonios en el Edén”, libro en el que denuncia toda una red de prostitución infantil encabezada por Jean Succar Kuri, “el tío Johnny”, quien pasará el resto de su vida en la cárcel.
Pobre país es este que tiene a Marín tan tranquilo y relajado, y a Lydia Cacho en el exilio.
