Conocí a Toño Haces D’artigues gracias a los excelentes oficios de Jorge Moreno Valle.
Nos sentamos a comer en El Parrillaje de la 43.
Hubo click desde el principio.
A Toño le encantaba conversar.
A mí también.
La comida se fue en un tris.
A partir de los días siguientes Toño se incorporó al programa radiofónico Operación Periodista.
(Jorge ya era comentarista habitual en nuestro espacio).
Lo fui conociendo al paso de los días, de los programas y de las comidas que teníamos.
Toño se reía como un Buda feliz, aunque era mucho más esbelto que la imagen del monje vagabundo.
Cuando hablaba, su mirada se volvía luminosa.
No aspiraba más que a ser amigo de sus amigos.
Uno en particular: Jorge Estefan Chidiac.
De la admiración pasaba al elogio: del elogio a la admiración.
Era su guía, sí, pero sobre todo su amigo.
No lo veía con ojos de lucro como hoy tantos lo ven.
La palabra lealtad era su mundo.
Hablar con Toño era como hablar con un árbol: pleno, generoso, lleno de ramas.
Las comidas con él y con Jorge eran extraordinariamente largas.
Tan largas como sus intervenciones.
Algo tenía con las palabras que no dejaba de hablar.
Una fascinación extraña.
Un mundo aparte.
La última vez que fue al programa se encontró ahí con Javier Lozano Alarcón.
No se conocían.
Simpatizaron de inmediato.
Toño no tenía dobleces: era un tipo transparente: una de las mejores personas que he conocido jamás.
Ayer, después del mediodía, una voz al teléfono me dijo que en su cuenta de Twitter Javier López Díaz había anunciado el asesinato de un empresario poblano en un edificio de la Avenida Juárez.
Se trataba de Toño.
De Toño Haces.
De Toño Haces D’artigues.
Me impactó sobremanera.
Tomé mi BlackBerry y pensé en preguntarle si eran ciertos los rumores sobre su muerte.
Otra llamada confirmó la especie.
Toño había sido baleado por unos desconocidos.
Revisé los diálogos que sostuvimos en el chat de BlackBerry.
Pensé en el árbol generoso: en el Buda sonriente.
Habíamos quedado de comer en estos días.
Ya no será posible.
Alguien infinitamente infeliz le robó la vida a nuestro amigo.
