En alguna ocasión un jefe policiaco me insistía en torno a la ventaja de los delincuentes para cometer un ilícito, y difícilmente un policía podría estar en ese momento para impedirlo.
La tesis policiaca suena lógica y sensata, de no ser por el factor oportunidad, de la casualidad y las medidas suficientes para impedir los robos con violencia como el ocurrido ayer el empresario Antonio Haces, que les costó la vida.
Un asalto violento y asesinato a un cuentahabiente no es nuevo en el estado, pero no deja de ser grave por ello, y en una ciudad como esta nos vuelve a ocurrir para enlutar a una familia y robarle la vida a un poblano, cualquiera que sea el nivel socioeconómico.
El año pasado, dos hombres asaltaron y asesinaron a Judith Heredia López, de 57 años de edad, tía de los actores Freddy y Germán Ortega, posterior a un retiro de una institución bancaria. Casos similares, hay más en la entidad.
Independientemente de las medidas personales de seguridad de los ciudadanos, incluidos los clientes de un banco para realizar retiros y depósitos en efectivo, la inseguridad pública en torno a los delitos del fuero común es una realidad.
Aunque incomodan, las estadísticas e indicadores del Sistema Nacional de Seguridad Pública son elocuentes y si por razones de imagen, descalificarlas es la salida mediática más efectiva, los hechos se imponen y a la larga la delincuencia crece y alcanza a todos los sectores de la sociedad.
La inmovilidad de las corporaciones policiacas y la indiferencia de las instituciones bancarias, han favorecido las ventajas de la delincuencia del fuero común que crece, crece y crece.
