Días después de que ganó en las urnas, Enrique Peña Nieto se presentó en las oficinas del Comité Ejecutivo Nacional del PRI para agradecer personalmente, y de mano, el apoyo de todos los que ahí trabajan.
Cuando tuvo enfrente a Jorge Estefan Chidiac, Peña lo abrazó efusivo y le dijo: “¡Presidente, quiero hablar contigo!”.
(Hay que recordar que además de secretario de Finanzas del CEN del PRI, Estefan es el presidente de la Comisión de Vigilancia de las Campañas Políticas del partidazo).
Ambos personajes conversaron en privado ante los ojos expectantes de quienes ahí estaban.
Con nadie más repitió el gesto.
Estefan fue el único.
Y se notó.
No podía ser de otra manera.
Y es que se ha convertido en un personaje clave en la solución de conflictos financieros al interior del equipo de Peña Nieto.
En otras palabras: él reconstruye lo que otros dinamitan.
Y eso lo sabe quien a más tardar en los primeros días de enero será reconocido como “presidente electo”.
En ese sentido, y a petición expresa de Peña, Estefan ha entrado a resolver algunos de los temas más espinosos.
Hoy por hoy es claro que el fuego ha ido a la baja en la pradera priista.
El Caso Soriana, por ejemplo, es un pez muerto en la mesa del lopezobradorismo.
No hay nada, pues, que involucre al PRI y a quien fue su candidato en las supuestas irregularidades denunciada por Ricardo Monreal, mejor conocido como El Hombre de los Espejuelos.
En el Instituto Federal Electoral lo saben.
También en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Como en todos los casos que toca Monreal, no hay pruebas plenas.
Y no sólo eso.
En el Caso Soriana todo fue hechizo.
Es decir: ficticio, amañado, falaz.
El Caso Monex va por la misma ruta.
Y ni en la mismísima Secretaría de Hacienda encontraron pruebas que incriminen al PRI en el lavado de dinero.
Tampoco hay ligas reales entre ese partido y las empresas fantasmas que se han multiplicado como peces.
Eso sí: en la Comisión Nacional Bancaria y de Valores hay indicios severos de lavado de dinero entre las empresas que tienen funciones de outsourcing y hacen jugosos negocios con el organismo empresarial.
Pero, otra vez, en esta ficción del Hombre de los Espejuelos no entra el PRI.
En el IFE ya lo saben.
En el Tribunal por lo pronto lo intuyen.
La labor de Estefan ha sido tan eficiente que Peña Nieto lo tiene en alta estima.
Nada que ver con las versiones que corren en el sentido de que ha perdido cercanía con él y que tiene un pie fuera del próximo Gabinete.
Esto, faltaba más, es una mentira del tamaño de un edificio de Huixquilucan.
Por otra parte, el “tracking” diario de los gastos de campaña de los candidatos a diputados federales y senadores, así como del propio abanderado a la Presidencia de la República (instrumentado por el propio Estefan), sirvió para detectar los excesos y frenarlos.
De esta manera se mantuvo un margen de maniobra para la comprobación de cada campaña electoral.
