Año tras año, en el sexenio marinista, el presupuesto de la entidad fue creciendo de forma exponencial gracias al incremento de los ingresos federales. En 2005, primer año de su gobierno, Marín dispuso de 29 mil millones de pesos. En 2010, el último, Puebla sumó 52 mil millones. En el inter, además, le cargó a la entidad 6 mil 200 millones de pesos en deuda directa. Hablamos, en total, de un excedente de recursos del orden de 30 mil millones, a lo largo del sexenio, que no tuvieron impacto en las políticas de la entidad. La pobreza no se redujo ni el PIB creció, así como tampoco el empleo. Las variables de desarrollo humano tampoco mejoraron, y en materia de infraestructura todo quedó entre canchas de futbol carísimas y proyectos extravagantes, como La Célula, el Centro Expositor y dos tramos nuevos del periférico. ¿Si nada mejoró, entonces en qué gasto el gobierno estatal los recursos excedentes? ¿A dónde fueron a parar?
Pues a las cuentas bancarias de los funcionarios marinistas que pasaron de la austeridad republicana a la bonanza inimaginable. Funcionarios de todo nivel, desde los más cercanos al gobernador, hasta los titulares de organismos descentralizados, se enriquecieron de forma brutal. Sin límites. Y tampoco tuvieron pudor para exhibir su riqueza obtenida al amparo del poder. Casas, viejas, viajes, negocios, empresas, fraccionamientos, cuentas bancarias. O como diría Moreno Valle, gracias al erario, los marinistas cambiaron de casa, de coche y hasta de mujer.
El erario fue, para Mario Marín y sus adictos, un patrimonio personal del que se podía disponer libremente para amigos, compadres y novias. Todo estuvo a la venta porque se podía vender. Muchos de ellos pasaron de paupérrimos a hombres de negocios, notarios, constructores y anexas. El sexenio construyó sus propios hombres del dinero, financiados todos con dinero del erario. Y con el paso del tiempo continúan los descubrimientos de patrimonios inimaginables.
Por ejemplo, Rodolfo Chávez Carretero fue un funcionario del que se habló poco pese a que se mantuvo todo el sexenio marinista como director del CAPCEE. Siempre fue amable y saludaba como hombre de bien. Nunca se supo del éxito o fracaso de su gestión: no fue escandaloso como Javier García Ramírez ni cínico como Alfredo Arango. Casi podría decirse que fue discreto en el arte de meterle la mano al cajón.
Pero también lo hizo. Sólo así puede explicarse la construcción de su paraíso particular, un hotel-spa de cinco estrellas por los rumbos de Atlixco, el Luna Canela, negocio que manejan su esposa y su hijo. Una inversión de 20 millones de pesos inexplicable para un funcionario que ganaba, promedio, 60 mil pesos como director del organismo descentralizado CAPCEE.
Suponiendo que Chávez Carretero hubiera podido ahorrar todo su salario, sin gastar un solo peso, al año habría acumulado 800 mil pesos. En el sexenio habría juntado casi 5 millones de pesos. ¿De dónde salieron los otros 15 millones de pesos para construir el Luna Canela?
El paraíso particular de Chávez Carretero, pagado con el dinero de todos los poblanos, es un lujoso conjunto de 24 habitaciones más suite principal. Tiene alberca, bar, spa, jacuzzi, todas las comodidades, restaurante con comida internacional, y cuenta con instalaciones para celebrar bodas y congresos.
Si Chávez Carretero no pudo construir su hotel-spa Luna Canela con su sueldo de funcionario, ¿con qué dinero lo hizo? ¿Cuántas licitaciones torció o entregó mañosamente? ¿Cuánto dinero desvió en comisiones y cuál es su verdadero patrimonio? ¿Por qué nunca reportó el Luna Canela en su declaración patrimonial? ¿Cuántas escuelas y espacios educativos pudieron construirse con las comisiones corruptas de Chávez Carretero? ¿Cuánto de ese dinero le tocaba a Marín?
Bajo el principio de que puede ocultarse la mano que roba pero no la mano que gasta, el morenovallismo encontró la forma de ajustarle cuentas a los marinistas a través del delito de enriquecimiento ilícito: fue así como se encontraron los 56 millones en propiedades de Alfredo Arango y los 37 millones de García Ramírez. También por esa vía continuará la cacería de marinistas luego de los pliegos del OFS y las auditorías de Paty Leal en la Contraloría.
Chávez Carretero, por ejemplo, deberá responder por desvíos superiores a los 400 millones de pesos y, seguramente, también se le encausará por enriquecimiento ilícito gracias al Luna Canela que le costó 20 millones de pesos. Ninguno de los marinistas puede estar tranquilo: los tiempos electorales se acercan y el gobernador necesita un buen racimo de cabezas de corruptos. Corruptos al estilo del extitular del CAPCEE que por años pasó como un sujeto honesto y honorable. Pero no lo era.
