Josefina Vázquez Mota es como Cuauhtémoc Cárdenas en la elección del 2000: un fantasma errante en una campaña equivocada.
Hundida en un cada vez más sinuoso tercer lugar, la abanderada del PAN a la Presidencia de la República vive hoy el infortunio de haber sido abandonada por el presidente Felipe Calderón, por los gobernadores panistas, por los empresarios consentidos del sexenio y por los cuadros directivos más importantes de su partido.
La suya es una campaña pobre, sin recursos, desangelada.
No sólo no tiene dinero: tampoco tiene dirección.
Es un barco a la deriva en el proceloso mar retratado por Homero en La Odisea.
El Cárdenas de esa época vivió su elección como la de 1994: dejándole todo a su instinto.
El ya desaparecido Adolfo Aguilar Zínser relató en un libro brillante, escrito sobre los comicios de 1994, que Cárdenas sólo confiaba en su instinto.
Y sí, cómo olvidarlo, su instinto lo llevó a un sonado fracaso que aún se recuerda.
Ante esto, Vázquez Mota sólo tiene dos sopas en su raquítica despensa: o persevera en el tercer lugar o negocia con Andrés Manuel López Obrador su declinación.
Ricardo Raphael, académico reconocido y analista puntual, planteó el segundo escenario en su video columna de ayer en el portal Sin Embargo.
Palabras más, palabras menos, dijo que Vázquez Mota podría sumarse a López Obrador a cambio de la Secretaría de Gobernación.
Y es que, tras la traición de la que se siente víctima, la candidata del PAN ya no le debe nada al presidente Calderón.
La suya sería una declinación moral, una vez que a estas alturas no lo puede hacer por la vía formal.
Eso sí: sumaría a López Obrador su cada vez más escaso capital político, sus raquíticos recursos materiales y humanos, sus alianzas flacas y sus padrinos desdorados.
Enrique Peña Nieto, en cambio, al parecer ya cuenta con el mecenazgo del presidente Calderón, quien lo prefiere por encima de López Obrador.
Y es que los tambores de un eventual Juicio Político en su contra sonaron tres veces durante la semana que termina a través de tres expresiones simpatizantes del candidato de las izquierdas: el SME, la Coordinadora magisterial y los jóvenes de “Yo soy132”.
Este domingo que estará en Puebla con su único aliado, el vapuleado alcalde Eduardo Rivera Pérez, reflejará las dudas que la matan y que la tienen viviendo en la zozobra.
