De poco o nada sirvió el fuerte llamado de atención que Miguel Osorio Chong, el secretario de Organización Electoral del PRI, hizo hace dos semanas a candidatos y dirigentes priistas de Puebla por no poder superar divisiones y estar descoordinados en la actual contienda. Un ejemplo es que no se ha instalado el llamado “cuarto de guerra” que ordenó que debía de funcionar en lo inmediato y unir los esfuerzos de las cuatro estructuras del tricolor que están actuando de manera diferenciada.
En la visita de Chong del pasado 11 de mayo se acordó, luego de que se escuchó una larga lista de fuertes reclamos y quejas de los candidatos contra los líderes de las estructuras del PRI, que para superar ese grave problema de divisiones –que data de 2010– y poder alcanzar los puntos que el tricolor necesita en la contienda en Puebla se crearía un “cuarto de guerra” en donde se discutirían estrategias y conflictos, pero lo más importante se uniformaría el trabajo de todas las facciones. Eso no ha ocurrido.
Según lo planteado, en ese “cuarto de guerra” se sentarían permanentemente los representantes de las estructuras de Alejandro Armenta Mier –que representa al grupo del aspirante presidencial Enrique Peña Nieto–, la de Javier López Zavala y la del dirigente estatal, Fernando Morales Martínez, así como el representante de cada uno de los candidatos a diputados y senadores.
El desacato a instalar ese “cuarto de guerra” y sobre todo el que no se consiga su cometido, plantea un grave problema para las campañas del PRI, luego de que se ha expuesto que la estructura de Alejandro Armenta trabaja a favor de la imagen de Enrique Peña Nieto, peo no de todos los candidatos a diputados y senadores. Y que la promoción al voto que hace Javier López Zavala no se percibe en varios distritos, principalmente los de la zona metropolitana de la ciudad de Puebla.
A su vez, sigue creciendo la desconfianza hacia Fernando Morales, a quien se le ve como un político que busca ajustarse a los intereses del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas y por esa razón los apoyos a los candidatos son desiguales, en lo que parecía ser una muestra de que al presidente del partido no le conviene que ganen algunos de los aspirantes del tricolor, a quienes se les ha marginado de propaganda, financiamiento y apoyos logísticos.
La semana que pasó y no se instaló el llamado “cuarto de guerra” ordenado por Chong es un asunto grave, ya que se perdió tiempo valioso si se toma en cuenta que ya sólo faltan 39 días para las elecciones y que aunque en el índice general de intención del voto en el estado va a la cabeza Enrique Peña Nieto, los números del tricolor no son del todo alentadores.
Para que al priismo poblano le vaya bien en general y gane más de 50 por ciento de los distritos se necesita que por lo menos Enrique Peña Nieto gane la elección por una diferencia de 10 puntos de su más cercano contrincante. Ese índice principalmente se tiene que registrar en la zona metropolitana de la capital, en donde la intención del voto a favor del aspirante presidencial priista ha venido a la baja.
Quienes conocen desde el PRI la fotografía actual de la situación del partido apuntan que si hoy fuera la elección Enrique Peña Nieto ganaría en general con una diferencia de entre cinco y siete puntos.
Y con un resultado así, el Partido Revolucionario Institucional estaría en riesgo de perder entre nueve y 11 de las 16 diputaciones en juego, junto con las dos senadurías de mayoría.
En cambio, si se llega a los 10 puntos de diferencia o más, el PRI podría ganar hasta 12 diputaciones y las dos senadurías.
Por ahora, el PRI tiene aseguradas tres derrotas, en donde difícilmente se podrá levantar el índice de votación. Esto es en el Distrito IX, de Puebla; el VIII, de Ciudad Serdán, y XV, de Tehuacán.
Donde tiene amplias posibilidades de ganar sin dificultades es en el I, de Huauchinango; II, de Zacatlán; III, de Teziutlán; IV, de Zacapoaxtla; XIV, de Izúcar de Matamoros, y XVI, de Ajalpan.
Esa situación en mucho se debe a que el gobierno del estado ha concentrado el grueso de los proyectos de obra pública en la capital y municipios vecinos, pero no en la Sierra Norte de Puebla y la Mixteca, en donde la popularidad del gobernador ha venido cayendo ante el poco interés que muestra por esas zonas del estado.
La situación más complicada para el PRI es la zona metropolitana de la capital, en donde el único candidato que parece ir a la cabeza de las preferencias electorales es el abanderado del Distrito XII, Pablo Fernández del Campo.
Enrique Doger Guerrero, en el Distrito VI, ha venido repuntando, con posibilidades de ganar, aunque su ventaja se ve reducida al tener en contra toda la estructura del ayuntamiento de Puebla, que tiene la misión de hacer ganar al abanderado albiazul Enrique Guevara.
Mientras que en el Distrito XI, la priista Nancy de la Sierra está empatada con la panista Marisa Ortiz.
En tanto, en los distritos V, de San Martín Texmelucan; X, de Cholula, y XIII, de Atlixco, parece haber empate entre el PRI y el PAN, pero con ligeras ventajas de Acción Nacional.
Candidata del PAN intenta convencer a abanderada priista
Una muestra de lo mal que van las cosas en el PRI, es que la candidata del Distrito IX de Puebla, Graciela Osorio, enfrenta un altísimo índice de desconocimiento hasta de su propia contrincante, la panista Blanca Jiménez.
Hace unos días, la candidata del PAN detuvo en la vía pública a una mujer a quien invitó a conocer sus propuestas, a saber más de la aspirante presidencial Josefina Vázquez Mota y finalmente, la panista le pidió que votara por ella el próximo 1 de enero.
La respuesta de la mujer, que la escuchó con atención, fue peculiar: le dijo que no podía votar por el Partido Acción Nacional porque ella era la candidata del Partido Revolucionario Institucional del Distrito IX.
Ante esa respuesta, una sonrojada Blanca Jiménez le pidió una disculpa y se volvió presentó con ella.
