¡Señor, sí señor!
—¡¡Ella es la presidenta municipal constitucional de la ciudad de Puebla y la dejan entrar!! —tronó el militar de rango frunciendo el ceño. Acostumbrado a que le obedecieran sin chistar le hizo sentir rabia que dudaran de su autoridad, y la rabia le provocó un amargo vacío en la boca del estómago. El ambiente se puso tenso. En unos minutos sería inaugurada la nueva delegación de la cancillería mexicana en Puebla en la planta alta del centro comercial San Francisco. —Usted si puede pasar mi general, pero tenemos órdenes de que ella no pasa —justificó el cadenero—. Lo siento, no está […]
