Daniela Campuzano será quien portará el lábaro patrio en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Brasil 2016, sin embargo parece que la pedalista de montaña aún no resuelve qué vestuario usará para el evento.
Una de las opciones de Campuzano es portar el vestido de color mamey con calzado deportivo blanco y pashmina, qué usarán todas las mujeres y la otra opción es un traje sastre en azul marino más formal, pero que la distinguiría del resto de las atletas que estarán en el inicio de la justa olímpica.
Lo bueno para nuestra abanderada es que tanto la Conade como el Comité Olímpico Mexicano fueron flexibles para que decidiera y sobre todo para no vestir las clásicas indumentarias cargadas de folclor nacional.
Los atletas mexicanos, incluidos los futbolistas, son muy cuidadosos de que en sus apariciones públicas y con los medios de comunicación porten las camisetas que les dio un patrocinador de ropa deportiva y que carecen de anunciantes. La razón es que si no obedecen pueden hacerse acreedores a multas y regaños, porque todos en la delegación deben tener una camisa verde bandera y nada más.
Cuando son abordados, corren a toda prisa para ponerse la vestimenta adecuada y evitan a toda costa ser fotografíados con cualquier otra prenda, incluida la de civil.
Una de las formas que encontró la Federación Mexicana de Futbol antes del arranque de los Juegos Olímpicos fue la de poner una pancarta de sus auspiciantes atrás del tiro de las cámaras, todo para evitar violaciones a lo que es la Carta Olímpica, la cual prohíbe que los atletas se asocien a marcas publicitarias.
Por más que el Comité Olímpico Internacional suele esmerarse en ofrecer las mismas condiciones de hospedaje y entrenamiento a los atletas que participan en el máximo evento deportivo del planeta, hay algunas delegaciones que son un poco “especiales” y buscan tener un mejor trato con base en dinero.
Nos cuentan que las cuatro selecciones de futbol varonil que están en la subsede de Salvador de Bahía (México, Alemania, Corea del Sur y Fiji) iban a ser colocadas en el mismo hotel, pero —hace algunos meses— los germanos enviaron a una comitiva para checar cuáles serían las condiciones del lugar en el que se quedarían. Y resulta que no les gustó. Así es que pidieron al COI les fuera depositado el importe de su hospedaje y pusieron la diferencia para quedarse en el mejor hotel de la localidad. Además, les sirvió para no mezclarse con el resto.
