Ser joven en México es una de las situaciones más difíciles hoy en día. No sólo son la “cara de la pobreza”, como señala Alfredo Nateras, investigador de culturas juveniles de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Iztapalapa, sino que se enfrentan a una crisis educativa y de modelos que no les permite construir un futuro.
El investigador explica que el modelo económico construido desde hace cuatro décadas no ha funcionado, es más, se está derrumbando en Europa y en México. Pero aquí, los jóvenes tienen pocas opciones: un empleo formal con salarios muy bajos, el desempleo o un empleo informal e inestable, incluido el narcotráfico, actividad que “ya les ofrece sueldos mensuales que duplican la oferta del Estado”.
“Son jóvenes que no sólo tienen cierta educación, sino que sienten que ese saber está amenazado… no les es fácil conseguir empleo y enfrentan la torpeza del poder que no los escucha, por el contrario, los relega y cuestiona lo poco que les queda de identidad, el ser estudiantes y seres que piensan. Por eso se enojan y manifiestan”, dijo Nateras.
Son los nimis mexicanos, término surgido en España, donde un nimi (Ni Mil Euros al Mes de sueldo) es ser un joven que trabaja o estudia pero que de cualquier manera “siente que camina hacia atrás”.
“En México, en lugar de euros serían dos o tres salarios mínimos al mes, es decir alrededor de seis mil pesos, que no les permite imaginar o construir un futuro, sólo viven en el presente”, sostiene.
Nateras explica que en nuestro país “los porcentajes son pavorosos: 35 por ciento de la población en México son chavos; de ellos siete millones no estudian ni trabajan; 60% de las personas encarceladas son menores de 30 años y más o menos 10 millones de jóvenes en edad de ir a la escuela no lo hacen y lo más sorprendente es que la primera causa de deserción no es el tema económico sino que la escuela no les dice nada”.
Es una generación que pareciera no poder insertarse en el ámbito educativo, laboral, no cuentan con seguro social –por los empleos que generalmente son informales o temporales-, no tienen muchos espacios de recreación.
Son jóvenes que permanecen con sus padres por más tiempo. Antes, ser joven abarcaba hasta los 29 años, tomando en cuenta que máximo en esa edad ya habían logrado independizarse y formaban incluso su propia familia.
Ahora, el espectro se alarga hasta casi los 35 años porque no encuentran opciones y la lucha ya no es la independencia del hogar, sino al menos permanecer, no ser excluidos, que no los borren.
