De diversas partes del estado de Puebla miles de fieles católicos acudieron al santuario de San Miguel de El Milagro, en el estado de Tlaxcala, a pie, en caravana, bicicleta o en autobuses, pero lo importante es llegar a agradecerle o pedirle un favor.
Doña Ana Celia, una de las miles de peregrinas que asisten cada año, platicó que es la segunda ocasión que va, pues en 2012 pidió que su hija de tan sólo tres años recuperara la salud y como agradecimiento llevó unas veladoras.
“No creía que era tan milagroso, pero estaba muy afligida por mi hijita, ella estaba muy malita y los doctores no me daban esperanzas, así que agarré mi chamarra y me fui caminando con unos vecinos, así tardamos tres días y llegamos. Le pedí con tanta fe que me curara a mi niña y estoy agradecida, ahora se la llevo para que vea que está sanita”, resaltó con lágrimas en los ojos.
Estas festividades datan de 1641 y llegan al lugar hasta un millón de peregrinos de diversas partes del estado de Puebla y zonas aledañas a Tlaxcala. En San Miguel de El Milagro, “El Príncipe de las Milicias Celestiales”, los peregrinos piden en su mayoría salud para regresar el próximo año a venerarlo, como lo hacen desde hace varias décadas, pues es una tradición heredada desde los abuelos.
Debido a que esta ocasión su fiesta, 29 de septiembre, tocó en fin de semana la marea de gente se dejó ver en la zona y entre rezos y cantos al santo se vistió de alegría esta comunidad.
Cuenta la tradición que fue el 25 de abril de 1631 cuando Diego Lázaro, uno de los primeros convertidos, participaba en una procesión por el Día de San Marcos, cuando tuvo una visión interior de San Miguel que le habló.
“Soy San Miguel Arcángel y he venido a decirte que es voluntad de Dios y mía que digas a los habitantes de esta villa y de sus alrededores que en la barranca compuesta por dos montañas y frente a este lugar encontrarán una fuente milagrosa de agua que sanará todas las enfermedades”, se cuenta.
Frente a la iglesia está el pozo, el guardián, con mucho amor y respeto distribuye el agua a los peregrinos. Desafortunadamente, el agua del pozo escasea, por lo que muchas veces está cerrado.
