Este lunes 19 de enero de 2026 nos encontramos ante el llamado Blue Monday, conocido popularmente como el día más triste del año. Aunque no se trata de una fecha oficial ni científica, el concepto vuelve cada enero a instalarse en redes sociales, medios de comunicación y conversaciones cotidianas, convirtiéndose en un fenómeno de la cultura pop.
El origen del Blue Monday se remonta a 2005, cuando el psicólogo británico Cliff Arnall difundió una supuesta fórmula matemática con la que pretendía identificar el día con mayor probabilidad de bajón anímico. En ella se incluían variables como el clima, las deudas tras las fiestas, la falta de motivación, el tiempo transcurrido desde Navidad y la dificultad para cumplir los propósitos de Año Nuevo.
Según esta lógica, el tercer lunes de enero concentraría varios factores que afectan el estado de ánimo: el regreso a la rutina laboral o escolar, el desgaste económico posterior a las fiestas decembrinas y, en países del hemisferio norte, los días fríos y grises del invierno. Todo ello reforzó la idea de un lunes especialmente melancólico.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la propia comunidad científica cuestionó la validez de esta teoría. El mismo Arnall reconoció posteriormente que la fórmula no tiene sustento científico y que combina variables imposibles de medir de manera objetiva. Además, se reveló que el concepto surgió como parte de una campaña publicitaria impulsada por una agencia de viajes para incentivar el consumo durante enero, un mes tradicionalmente bajo en ventas.
A pesar de ello, especialistas en psicología sí coinciden en que enero puede ser un mes emocionalmente complejo para muchas personas, debido al ajuste a la rutina y a la presión por iniciar nuevos hábitos. No obstante, advierten que la tristeza o la depresión no pueden reducirse a una sola fecha.
Hoy, el Blue Monday se entiende más como un fenómeno social y mediático que como un diagnóstico real. Para muchos, se ha transformado en una oportunidad para reflexionar sobre el bienestar emocional, priorizar el autocuidado y romper, aunque sea simbólicamente, con la carga del inicio de año.




