Con un tono de profunda preocupación y dolor, el arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, condenó este domingo la ola de violencia y masacres que azota a México y que, según sus palabras, tiene a la población sumida en un miedo permanente.
Durante la homilía dominical en la catedral, ante decenas de familias presentes, el prelado describió la angustia cotidiana que viven millones de mexicanos.
“Cada amanecer nos encuentra con el corazón en la boca, pronunciando ‘Jesús’ en un sobresalto, preguntándonos qué nueva tragedia habrá ocurrido, si alguien querido fue asesinado o si la barbarie tocó de cerca a nuestra familia o amigos”.
Sánchez Espinosa señaló que los niveles de crueldad no dejan de escalar: “Lo que ayer parecía el colmo de la inhumanidad es superado hoy por actos aún más salvajes, con torturas y formas de violencia que hieren la conciencia. ¿Qué ha pasado con nuestra humanidad? ¿Hasta dónde puede llegar la degradación del ser humano?”, cuestionó visiblemente conmovido.
En el contexto del Día del Amor y la Amistad, el arzobispo contrastó el mensaje de cariño y unión con una sociedad marcada por el odio, la descalificación y el desprecio absoluto por la vida. Recordó que la existencia es un don de Dios y que el ser humano fue creado con libertad e inteligencia para amar y construir, no para destruir.
“Esa libertad que recibimos de Dios no es un cheque en blanco para la violencia ni para el rencor. Cristo nos llama a respetar la vida y, sobre todo, la dignidad de cada persona, porque todos fuimos hechos a imagen suya”, subrayó.
Advirtió que un corazón lleno de odio, mentira y resentimiento no puede presentarse ante Dios con autenticidad, y llamó a una reflexión urgente en este tiempo previo a la Cuaresma.
“Es momento de recuperar los mandamientos, de romper esta cadena de sangre y de preguntarnos seriamente qué rumbo estamos tomando como sociedad y como patria”.
Finalmente, el arzobispo cerró su mensaje con un llamado a la conversión y a la paz: “Nuestro país y el mundo parecen haberse alejado mucho de lo que Dios espera de nosotros. Regresemos al camino del amor verdadero, la justicia y el respeto por la vida”.
