La violencia verbal empleada como medio para vender ideas políticas no es otra cosa que un acto deplorable, más cuando de por medio está la tranquilidad y paz de mexicanos que habitan tras la frontera con Estados Unidos.
En este sentido, es preciso cuestionar hasta qué punto la política exterior nacional debe y tiene que “soportar” tragos amargos cuando se pone en tela de juicio la moralidad de los mexicanos por el sólo hecho de serlo. Incluso, hasta dónde el presidente Enrique Peña Nieto tiene que recibir a un abanderado que ha expresado su rechazo hacia connacionales.
Por ello, en RETO diario todos quienes laboramos nos declaramos contra la denigración, ofensas, acusaciones y política retrógrada del candidato republicano al gobierno de Estados Unidos, Donald Trump.
Siendo un abanderado –más en su investidura presidencial- es preciso que recuerde los años oscuros en que su país y nuestro vecino se han vivido por efectuar diferencias entre europeos y americanos; sureños y norteños; blancos y negros; hasta llegar a americanos y mexicanos.
No obstante esta política –bien puede llamársele en el estricto sentido italiano- impulsada en su discurso llegó a diferenciar incluso entre mexicanos buenos y malos; palabras que dañan la integridad como seres humanos, lacerando los derechos elementales.
Asimismo, no se puede ofender a una nación y amenazarla con divisiones fronterizas que obedecieron a otros tiempos, a la misma Guerra Fría, y pisar suelo nacional para intereses personales. Eso, siempre será motivo de doble discurso y evidencia oportunismo.
Por tal motivo, tal como lo recordó el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas, al candidato presidencial Donald Trump se le conmina a reflexionar en las palabras del “Benemérito de las Américas”, Benito Juárez García: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
