Hace tiempo que los Cruz Azul-América son ricos en emociones, se juegan bien y suelen estar llenos bondades. El de ayer no fue la excepción. El llamado clásico joven fue generoso con el aficionado. A pesar del 1-1 se debe agradecer un juego así.
Miguel Herrera ha logrado que el América compagine y se mate en la cancha. Ningún jugador azulcrema da balón por perdido ni cede en la marca. Muerden en toda la cancha, se repliegan en orden y se despliegan a velocidad. Motivos suficientes para haberse hecho del encuentro desde los inicios.
El ritmo con agobio que impusieron le dio a los americanistas las mejores ocasiones en los primeros minutos. Los celestes igual se esmeraron en responder, aunque no lograron detener la marea amarilla.
Para variar, Christian Benítez fue el que tomó el estandarte y quien tuvo las mejores opciones al ganarle reiteradamente las espaldas a Amaranto Perea.
En el minuto 15, el ecuatoriano tuvo una grande para poner al frente a los suyos. Se paró frente a Jesús Corona, que en dos ocasiones le tapó sus tiros y en un tercero apareció la defensa para mandar fuera de la cancha el balón.
Pero esas jugadas fueron un interludio para la grande de Chucho. Cinco minutos más tarde, en una acción similar, Paul Aguilar sacó un fino derechazo desde la zona defensiva de su equipo para poner el balón justo detrás de Perea, sin que Corona pudiera llegar a él. Benítez lo tomó cerca del área grande, se enfiló y ante la salida del cancerbero sólo cuchareó con la derecha el esférico para mandarlo a las redes.
El tanto del visitante no impidió que los decibeles disminuyeran. Herrera no entregó el control del juego ni defendió su ventaja, pero aun así los de casa lograron revertir para tomar del control de las acciones. Adelantaron líneas y eso los llevó a tener algunas opciones, aunque no de gran valía.
La mejor de ellas, en el minuto 22, cuando Alejandro Vela mandó por arriba del arco un remate de cabeza.
En la complementaria, Guillermo Vázquez decidió hacer un cambio que de inmediato le redituó. El siempre pícaro Maranhao sustituyó a Fausto Pinto para hacer la jugada que le dio el empate a su plantel en el minuto 47. Encaró a Aguilar, se lo sacudió fácil, llegó al borde de la cancha y desde ahí tiró un centro al cual llegó Javier Aquino para poner el 1-1 de cabeza.
Sin embargo, la igualada no le dio el fuelle necesario al plantel de La Noria para alcanzar el triunfo. Lo intentó por todos lados, con descolgadas de sus volantes para servir a sus delanteros, en tiros de esquina, con triangulaciones y en jugadas de laboratorio, pero no les sirvió. Los de Coapa lograron acabar con el ímpetu de su oponente.
Incluso, Miguel Layún y Raúl Jiménez tuvieron la suya para poner adelante a los visitantes, pero en ambas jugadas el balón se paseó por un lado del poste derecho de Corona. En el tiro del medallista olímpico, Corona desvió con la mano derecha.
Los únicos negritos en el arroz para los que colmaron el Estadio Azul fueron que La Máquina suma cinco juegos sin ganar en casa (no lo ha hecho a lo largo del Apertura 2012) y en que el América ya acumula la misma cantidad de encuentros sin poder derrotar a los celestes.
La tensión detrás de la estrategia
Miguel Herrera no pierde el apodo cuando dirige. Se mueve como un piojo en la zona técnica y la mitad de su vocabulario es de groserías, de esas que no ofenden sino que sirven de motor motivador en un clásico. Las recibe desde las tribunas cuando saca a Daniel Montenegro por Miguel Layún, y las reparte entre sus jugadores.
Guillermo Vázquez, quien fuera su compañero en el multicolorido Toros Neza, en cambio, es un témpano. No grita y brinca de su banca hasta el minuto 24, cuando ya lleva perdido el partido.
Dio un discurso breve antes de salir del hotel de concentración: “Por cábala no viajó con el equipo en el autobús, porque quería que llegaran relajados al estadio, sin la figura de autoridad del técnico”, dice uno de los utileros del equipo cementero. El estratega arribó con el chofer en su auto negro de vidrios polarizados poco antes que sus futbolistas y entró al Azul por el lado de la Plaza México.
Suplicó mucho a Mariano Pavone que cazara una, pero el delantero argentino sólo veía el número de Aquivaldo Mosquera, quien le impidió disparar una sola vez al arco. Enquistado el estelar ofensivo de La Máquina, el sufrimiento se le venía encima a Vázquez.
En cambio, Christian Benítez superó a Pavone, sobre todo en el primer tiempo, cuando anotó en un mano a mano contra Jesús Corona tras perderse con anterioridad otro más fácil. Tuvo además un tiro en el primer lapso ayudado por el imán de marcadores en que se ha convertido Raúl Jiménez y que le ayuda mucho.
