Ni PRI, ni PAN, ¿a dónde vamos a parar?
La grave crisis de credibilidad, gobernabilidad y transparencia que aqueja a los partidos políticos más grandes (PRI, PAN, PRD) en el ámbito local y nacional pone en jaque las aspiraciones de estos organismos de cara al proceso electoral del 2016.
Si la actual situación política y de gobierno en el país fuesen un termómetro para saber quién pudiera ganar el proceso electoral que se avecina sin duda el más beneficiado sería Morena y su dueño, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
Y es que no se ve por dónde, o de qué forma, los partidos predominantes en el país pudieran hacerse de la mayoría de las 12 gubernaturas que se jugarán el próximo año (Chihuahua, Sinaloa, Durango, Zacatecas, Aguascalientes, Tamaulipas, Oaxaca, Quintana Roo, Hidalgo, Veracruz, Tlaxcala y Puebla).
Los citados institutos políticos pasan por un momento amargo que rebota, por supuesto, en Puebla.
En la más reciente elección del PAN, en la que arrasó Ricardo Anaya Cortés a Javier Corral Jurado, no participó ni siquiera la mitad de su padrón total.
Anaya apenas ganó con el 45 por ciento de los votos de los panistas que existen en territorio nacional.
Otro estigma que enfrenta el nuevo líder nacional panista es el señalamiento de un triunfo construido desde el mismísimo CEN azul, patrocinado por su mentor Gustavo Madero Muñoz.
El enfrentamiento panista generado por esta elección, particularmente con el calderonismo, mantiene al PAN dividido y fragmentado.
En Puebla, no vamos lejos, es evidente la lucha de poder que mantiene el Yunque y el morenovallismo. Uno y otro se tiran con todo y esta guerra parece no tener final.
El panismo morenovallista tiene la necesidad de implementar una estrategia quirúrgica para tratar de resarcir la molestia y la racha negativa que mantiene el gobierno del estado por programas como la fotomulta, el cobro del agua, la operación de RUTA, entre algunos otros que han golpeado directamente el bolsillo de los ciudadanos y los ha hecho enfadar.
A este panismo, le ayuda, tal vez, la simpatía de su próximo candidato a la minigubernatura, quien tiene la obligación de ganar el 2016, Tony Gali.
Por supuesto que esta elección parece difícil pero no imposible para el edil capitalino, quien afortunadamente conserva una imagen propia, simpatía, penetración y aceptación entre el grueso de la gente.
A Tony ya sólo le falta dar un manotazo en la mesa para avanzar.
Sin embargo, quien asegure que el regreso del PRI al poder en Puebla está en puerta y ya sólo es un trámite miente.
El mismo trabajo que le costará al PAN ganar la elección local en 2016 los priistas lo sufren.
Yo sí estaría preocupado, si fuese el dirigente estatal de este partido, por la forma de cómo definir a mi próximo candidato y, después, cómo legitimarlo.
Veamos por qué.
De entrada el PRI lleva un paso atrás contra el PAN morenovallista porque Tony Gali prácticamente ya está en campaña.
Inteligentemente ya se promueve por todo el estado como el personaje ideal para suceder en el cargo a Rafael Moreno Valle Rosas.
Tony no tiene otro contrincante, ni una sombra que le dispute la candidatura a la minigubernatura.
En cambio en el PRI los aspirantes se están dando en maceta.
Ya nada más faltaba que Lucero Saldaña, la senadora priista, levantara la mano para sumarse a la bufalada y a la larga, pero larga lista de aspirantes tricolores.
Los priistas ya dan por hecho que ganarán la próxima elección local, sin embargo no se han puesto a pensar que así como dicen que existe un odio, molestia, enfado y hartazgo de los poblanos para con el gobierno morenovallista lo mismo sucede con el gobierno federal priista.
A los poblanos tampoco se les olvida la grave crisis económica por la que atraviesa el país, su pírrica economía y lo agujerado de sus bolsillos por las malas decisiones del peñismo.
La caída del precio del petróleo, la inseguridad, la corrupción y todos los escándalos en los que está metido el gobierno federal priista me parece que también serán un factor importante que le pegará al PRI en los comicios locales.
Y aún falta ver cómo es que los priistas salen librados de la definición de su candidato a la minigubernatura, porque estoy seguro, sin lugar a duda, que habrá muchas traiciones.
Y al PRD si Morena y AMLO no lo ayudan está pelas, como dicen, está perdido.
Los perredistas podrían sufrir otro descalabro más en 2016 que estaría poniendo en riesgo la estabilidad y hasta su vida como partido.
En Puebla, como a nivel nacional, los perredistas están perdidos.
El sol azteca es un partido en franca decadencia. Está en terapia intensiva.
¿Ahora se entiende por qué el Congreso del Estado le puso tantos obstáculos a las candidaturas independientes?
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