Sorprendido por el inédito furor que ha suscitado la fiesta de una quinceañera, recordé un milenario proverbio chino: “El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”.
Tan sabia sentencia tiene en nuestros días absoluta contundencia, y si no pregúntele a Rubí Ibarra García, la joven pueblerina de la comunidad de La Joya, municipio de Villa Guadalupe, en San Luis Potosí, quien sin proponérselo se ha vuelto en epicentro de la atención nacional e internacional.
El origen de esta historia es tan simple como la cotidianidad de cualquier adolescente, más no lo fueron las inesperadas consecuencias, cuando en la víspera de sus XV años sus progenitores decidieron subir a Facebook la invitación a la fiesta, con la presunción de que estarían convocando sólo a vecinos, amigos y familiares.
Pero no fue así.
La invitación digital se viralizó de manera sorprendente y en unos cuantos días más de 1.3 millones de personas habían visto el mensaje, en tanto que más de mil ya confirmaron su asistencia.
Ante tal reacción colectiva los medios nacionales se volcaron sobre el tema con amplias cuberturas, incluyendo desde luego a las televisoras que han tratado a la protagonista como si hubiera ganado un Óscar, y hasta ya le ofrecieron un papel en una serie de gran audiencia.
El singular festejo traspasó fronteras y en pocos días ha sido referido por cadenas estadounidenses, como la ABC y CBS, y también por diarios de prestigio, como los británicos The Guardian, Independent, o el Mirror, el francés Le Monde y el español El País, por citar algunos, los que no acaban de entender del todo la numerosa interacción de los usuarios mexicanos a través de las redes sociales.
El oportunismo, como siempre, infaltable. Por lo pronto, el gobernador mexiquense Eruviel Ávila, llamó al padre de la festejada para informarle que una empresa de aviación está dispuesta a pagar el vuelo al Estado de México y que hoteleros y prestadores de servicios decidieron obsequiarle días de estancia y paseos en lago.
A dos semanas de la fiesta es impredecible calcular cuántas personas llegarán a la Joya, modesta comunidad de 130 habitantes, unas cuarenta casas y calles empedradas y dos pequeñas tiendas, pero que no cuenta con hotel; tampoco hay internet, y mucho menos hospital.
Lo que sí es seguro es que durante los días siguientes seguirán sumándose los apoyos y patrocinios, tanto públicos y privados, y que la lista de asistentes, aún ficticia, seguirá en ascenso.
Vendrá la fiesta, que para Rubí será como un cuento.
Se apagarán los reflectores, y tal vez habrá tiempo para meditar y preguntarse sobre tantos significados.
¿Por qué la atención desbordada en asuntos en apariencia tan efímeros?
¿A qué atribuir que nos embelese la frivolidad?
¿Es parte de nuestra idiosincrasia?
¿Está bien saciarnos de la veleidad?
¿Nos reímos de la muerte y hacemos bulla por ligerezas para olvidar nuestros pesares?
¿Qué tan vacíos estamos?
Sentimos el aleteo de una mariposa, pero ¿en verdad puede ensordecernos?