El nuevo pleito del JJ contra la prensa
Algo tendrá que hacer el edil de San Pedro Cholula, José Juan Espinosa Torres (JJ), para evitar que la calentura política lo haga perder la cabeza de la forma que lo hizo ayer con el subdirector del periódico 24 Horas, el periodista Ignacio Juárez Galindo.
Y algo urgente porque lo que se viene previo a los comicios locales del 2018 será no una guerra sino una verdadera carnicería en la que no habrá tregua alguna.
Porque si José Juan es candidato de Morena al gobierno del estado lo que le espera será un pleito de antología con el morenovallismo, nada comparado con los conflictos personales que ha sostenido con reporteros y que forman parte de su anecdotario.
El edil cholulteca, hay que reconocerlo, ha sido un político muy vivo que se ha sabido meter en las entrañas del poder y salir bien librado; sin embargo, hay que decir también, que no ha sido lo suficientemente tolerante cuando se le critica.
José Juan, como político, siempre ha sido audaz, polémico, bravo y caliente, como dicen coloquialmente a cualquier persona que pierde la cordura y se sale de sus casillas, pero pierde muy fácil la cabeza cuando siente que el trabajo de la prensa lo está raspando.
Ayer, durante su conferencia de prensa, al periodista Ignacio Juárez no lo bajó de poco hombre, de ignorante de vendido, de cobarde, de poco ético y de todo lo que en ese momento se le ocurrió.
Nada extraño en la persona de Espinosa Torres.
Los insultos y calificativos lanzados a Ignacio Juárez siempre han sido empleados por el JJ para calificar a la prensa o a quien intenta demostrarle que como político también tiene errores u omisiones.
Muy mal hecho por alguien que desea gobernar Puebla.
Y más aún cuando el edil sabe perfectamente que él, junto con su esposa, son figuras públicas que están expuestas al escrutinio, a la crítica voraz de los medios, de los periodistas y de quienes hacen las ocho columnas todos los días.
Los medios en Puebla hacen su trabajo igual que los políticos.
Lo que debería hacer José Juan es ponerse una bolsa de hielo en la cabeza, como dice el ex gobernador Melquiades Morales Flores, y evitar más conflictos con la prensa porque el proceso electoral aún ni siquiera comienza.
Si el JJ no se quiere quemar simple y sencillamente que no se meta a la cocina.
Eso sí, por supuesto que no se vale de ninguna de las dos partes -del JJ y de la prensa- ni la calumnia, ni la injuria, ni las acusaciones sin sustento.
Es reprobable deshonrar a alguien sin tener pruebas de por medio.
Empero, es también muy censurable el hecho de que un funcionario público, del nivel que sea, públicamente insulte y denueste a una persona que como Ignacio Juárez tiene renombre y familia.
Los políticos se envalentonan porque se sienten poderosos, y regularmente los medios son sus verdugos o sus chivos expiatorios.
El episodio de ayer, registrado en el restaurante La Mexicana, es el vivo ejemplo de lo que no debe suceder entre el poder y los medios, entre un político como JJ y un periodista hecho y derecho.
Tampoco se vale que los funcionarios de José Juan, como Luis Alberto Arriaga Lila y Rodolfo Huerta Espinosa, sean comparsas de una actitud y de un episodio como el de ayer, intolerante.
Sobre todo cuando Arriaga Lila sabe perfectamente cuál y cómo es la labor de los medios, de los reporteros y periodistas en general.
Me extraña que Luis hable de medios oficialistas o voceros del gobierno.
Y me extraña aún más que el arquitecto Huerta, quien siempre ha sido un defensor a ultranza de los medios y de sus protagonistas, no haya dicho ni pio ante los insultos.
Sería lamentable que el poder y sus males hayan enfermado a ambos tan pronto.
Me parece que Ignacio Juárez no es nada de lo que JJ dijo.
Y cobarde no es quien habla de los bienes de una familia, de un gobernante o de una mujer que siempre ha sido figura pública.
Cobarde es, más bien, quien utiliza el disfraz de figura pública y de político santón para vilipendiar a un periodista.
Ah, que cosas con los señores que gobiernan San Pedro.
Que los santos de Cholula los rediman.
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