Antes de su último aliento, decenas de comercios del primer cuadro se reincorporan a la vida
Los 4 meses de inactividad hacen que aún permee el temor en algunos negocios del Centro Histórico, que siguen operando a media cortina.
Es 07 de agosto del 2020. Por la mañana, el gobierno de Puebla formalizó la reactivación, de manera parcial, de toda la industria y comercio. No obstante, los 4 meses de inactividad hacen que aún permee el temor en algunos negocios del Centro Histórico, que siguen operando a media cortina.
En marzo y abril fui testigo de los cierres temporales de los negocios del Centro Histórico, realmente parecía que sería un cierre esporádico. En mayo y junio, vi cómo algunos cayeron en bancarrota hasta vender su mobiliario o cerrar definitivamente. En julio, vi a algunos, quererse salvar de la debacle, operando clandestinamente, mientras el ambulantaje recuperaba mercado. Hoy, quise verlos resurgir.
Recorrí solo unas calles del primer cuadro de la ciudad. Desde el abordaje del transporte público, pude ver todo más ajetreado que en los últimos meses.
Ya en el Centro Histórico, los primeros negocios que vi -y que me recordaron a los pacientes de COVID-19 que salen triunfantes del hospital, aunque requerirán de mayores cuidados para restablecerse- fueron una tienda que vende artículos de piel y otra que vende ropa, las cuales estuvieron cerradas por más de 100 días. Esos negocios estaban al borde de morir. Hoy recobraron el aliento.
La mayoría de las personas a mi paso, tenían cubrebocas. Estar en el Centro Histórico es distinto que pasar por colonias como Analco, La Luz o cualquiera de la periferia de la ciudad, donde la población se siente menos vigilada y lleva el cubrebocas colgado de la oreja, en la bolsa del pantalón o, definitivamente, no lo porta.
Tras 4 meses, por fin llegó -al primer cuadro y a los centros comerciales- la Nueva Normalidad, que desde junio se vive en otros estados del país, independientemente de los semáforos de riesgo.
En una primera impresión, vi que los negocios establecieron ofertas, se equiparon con gel antibacterial, colocaron divisiones para no crear aglomeración y respetar la “Sana Distancia”. No todo es felicidad. Compré un café de la cadena local The Italian Coffee, pero el lugar no tiene terraza, así que sus ventas siguen bajas y no han podido contratar al 100 por ciento del personal que antaño laboraba en esa sucursal frente a la Catedral.
Por cierto, hablando de ese emblemático edificio histórico y representativo de la ciudad, también se prepara para recibir a la población, solo con aforo de un 30 por ciento. Las entradas serán por la 16 de Septiembre y las salidas, por los laterales.
Pude ver que decenas de comercios de diferentes giros continúan cerrados, y en el caso de una zapatería, una tienda de lencería, un negocio de trajes para caballeros y un almacén de ropa para dama, estaban abiertos a media cortina. Al menos, los que vi a mi paso. Todos esos negocios, antes de reabrir, querían tener en sus manos el nuevo decreto del gobierno estatal, que les dé “luz verde” para poder operar nuevamente.
Vi policías estatales y municipales rondando las calles céntricas. También me topé con comensales que ya podían disfrutar los platillos poblanos que preparan en Los Portales. Vi gente haciendo fila ordenada en los bancos, pero también vi volver con mayor amplitud, a los ambulantes, quienes se comunican con silbidos cuando ven que alguien toma fotos y videos en las vialidades donde circulan.
En los meses de la pandemia, se han perdido 40 mil 041 empleos formales en Puebla. La vida está recomenzando.
