La aplicación sensación del verano, Pokémon Go, ha comenzado a rebasar las barreras de la legalidad, pues muchos usuarios en su afán de estar la mayor cantidad de horas activos en búsqueda de su colección de pokemones, han tenido que “colgarse” de los servicios públicos de luz para conectar sus celulares.
Pokémon Go es un juego de realidad aumentada para dispositivos móviles que obliga al usuario a recorrer las calles de las ciudades en busca de pokemones, lo que ha hecho que de la nada se creen comunidades activas de jugadores en espacios públicos que se reúnen día a día para aventurarse en sus expediciones.
Tal es el caso del Parque Paleta en Huexotitla –cuyo nombre real es Parque Enrique Benítez– el cual alberga todos los días de la semana entre 30 y 100 jugadores que hasta altas horas de la noche, personas que se mantienen activas gracias a que el parque cuenta con tres “pokeparadas”, lo que hace que sea más fácil capturar a estos monstruos virtuales.
Ello ha generado que de la toma del alumbrado público, a expensas del ayuntamiento capitalino, se haga un “diablito” para hacer cargas de celulares para los usuarios. Mismo caso sucede en el zócalo de Puebla, donde a todas horas se pueden encontrar a jugadores conectados de la red de electricidad usada para el mantenimiento de la Plaza Principal.
No todo es malo cuando se trata de los jugadores de Pokémon Go; gracias a las nuevas comunidades creadas para jugar, se ha fomentado más la interacción social de jóvenes que sin el juego estarían esparcidos en sus hogares y que ahora, con la excusa de cazar a un pokémon se reúnen, platican y hasta se comparten sus números telefónicos con el objetivo de mantener conversaciones vía WhatsApp o Facebook.
Asimismo, el Parque Paleta, que cuando aún era el Parque Enrique Benítez era conocido por sus robos, asaltos, acoso e inseguridad, ahora es un parque público transitable hasta la medianoche, pues aún hay grupos de hasta 20 jugadores, lo que por supuesto ha atraído la vigilancia de los cuerpos de seguridad de la Policía Municipal y ha alejado a los maleantes de este espacio sobre la 43 Oriente y 2 Sur.
Ello acercó al comercio, ya que donde antes no había más que franeleros que apartan lugares de estacionamiento, hoy hay desde suvenires de la caricatura como gorras y playeras, hasta una oferta gastronómica de hamburguesas, hotdogs, tortas, elotes, esquites, dulces, aguas y demás.
Cada vez más comercios en su afán de atraer a la comunidad joven a que consuma sus productos, ha lanzado promociones y descuentos exclusivos para los jugadores, lo que ha hecho que mejoren sus ventas, en especial cuando se encuentran cerca de estas comunidades activas de usuarios.
En lugares como la Plaza de la Concordia en los Fuertes, Paseo Bravo, Ciudad Universitaria, Parque de San Baltazar Campeche o el Parque Juárez, que también son frecuentados, es común no sólo ver jóvenes preuniversitarios, sino que la diversidad social alcanza niños acompañados por sus padres, jóvenes profesionistas, oficinistas que en su tiempo libre salen a descansar y jugar, deportistas y adultos que van solos en un afán nostálgico de reencontrarse con los personajes de la serie que vieron hace unos 15 años en la televisión mexicana.
Hasta ahora el ayuntamiento de Puebla, o de algún otro municipio, no ha buscado una regulación para los jugadores y sus actividades. Mientras que en otros lugares del mundo, piden a los desarrolladores desaparecer las pokeparadas –lugares donde los jugadores deben conseguir objetos para seguir jugando–, ya que están colocadas sobre monumentos históricos, aquí se ha permitido libre albedrío a los usuarios.
Además del robo de luz, también ha habido abuso de las tomas de agua y generación de basura ante la falta de basureros, sin embargo en ningún espacio se ha presentado una cuadrilla de servicios públicos del ayuntamiento para corroborar esta situación.
