En los años ochenta, en la Sierra Norte de Puebla, nació un grupo político al interior del PRI decidido a acabar con el cacicazgo de los Jiménez Morales y a encabezar un nuevo pacto social.
En efecto: paulatinamente los Jiménez fueron abandonando la región y se enfocaron a nuevos proyectos estatales.
El grupo emergente, cuyo líder visible era Alberto Amador Leal, ocupó su lugar y terminó cayendo en las mismas prácticas viciadas que antes criticaron.
Ya convertido en el nuevo cacique de la sierra, Alberto se dedicó a crear unidades habitacionales en las que su nombre compartía calles con los de Emiliano Zapata, Francisco Villa y Adolfo López Mateos.
Por otra parte, fue acumulando candidaturas y diputaciones, tanto locales como federales, en aras de saltar algún día al Senado de la República y de ahí a la gubernatura de Puebla.
Pero sus proyecciones le fallaron, una vez que su capital político no le dio para más.
Convencido de que la Sierra era su coto, se refugió en Huauchinango e hizo de la política un floreciente negocio familiar.
Los datos duros no mienten.
A la sombra del PRI, Alberto hizo presidente municipal y diputado local a su sobrino Carlos Martínez Amador.
Luego, cuando en el partidazo hubo otros designios, recurrió a la coalición Compromiso por Puebla para llevar a Omar, hermano de Carlos, a la alcaldía.
La más reciente aventura de los Amador fue cobijada por el partido al que combatieron siempre: Acción Nacional.
La historia es elocuente.
Y es que Carlos buscó sin éxito ser diputado federal y terminó perdiendo con Lupita Vargas, hija del secretario de Seguridad Pública del estado de Puebla.
La periodista Leticia Ánimas Vargas relató recientemente que el priista Alberto es hoy un panista más en esta historia de equivocaciones.
Lety contó que, en plena campaña de Carlos, en la población de Meztla Abajo, Alberto confesó que a petición del gobernador de Puebla él y su familia ya eran panistas y que en consecuencia ahora se moverían a la sombra de ese partido.
Testigos de lo anterior fueron los integrantes de la familia Rodríguez Cayetano.
Hoy que la desgracia política acompaña a los Amador las fichas empiezan a moverse por diferentes rutas.
Y es que Juan Manuel, hermano de Alberto, busca ser el próximo presidente municipal.
Eso si se impone a Carlos, su sobrino, quien nuevamente pretende ser alcalde, o a la mamá de Carlos, hermana suya y de Alberto, que está convencida que lo suyo en realidad es la política.
Que Dios agarre confesados a los huauchinanguenses ante los nuevos Kennedy serranos.
Están de atar.
