Su mayor gloria fue haber nacido en los tiempos en que el ser pobre en la Ciudad de México no era una tragedia.
Alguna vez dijo que si volviera a nacer “sería el mismo, pero nadas más que rico, nomás para ver qué se siente”.
Ésa era la actitud antisolemne de Salvador Flores Rivera, mejor conocido como Chava Flores.
A un cuarto de siglo de su muerte, su obra sigue vigente, aunque poco reconocida. Fue el cantautor que diseccionó los detalles, costumbres y descripciones de los personajes de una época de la capital mexicana.
Su hija María Eugenia Flores Durán aseguró que la gran movilidad que tuvo durante su infancia y juventud por la ciudad influyó en esa sensibilidad para contar historias cotidianas de una forma muy peculiar.
Su nacimiento, el 14 de enero de 1920, estuvo marcado en la calle de la Soledad, en el antiguo barrio de La Merced. Creció en Tacuba, en la Roma y Santa María la Ribera, aunque también se le ubica en Azcapotzalco y la Unidad Cuitláhuac, lugar en donde vivió hasta 1986, cuando se mudó a Morelia, Michoacán.
Fue esencialmente un trabajador incansable. Cuando las cosas no funcionaban bien en su empleo, inmediatamente buscaba una alternativa que le permitiera continuar trabajando. Ése fue el caso del año 1946, cuando desafortunadamente tuvo que cerrar su camisería, y con ello comenzar una racha de empleos breves y mal remunerados.
En la gran mayoría de estos empleos fracasó, incluso uno de estos tropiezos lo llevó a ser encarcelado por quien fuera su compadre.
“Afortunadamente para México fue mal negociante; si no, no hubiéramos tenido a Chava Flores”, dice orgullosa su hija María Eugenia.
