Recientemente un diario estadounidense reveló un escándalo bancario por el lavado de dinero de procedencia ilícita a través de la cadena de instituciones de crédito británica; HSBC.
Podría pasar inadvertido el hecho para el interés doméstico de los poblanos, a no ser por la triangulación de ese dinero caliente en Casa de Cambio Puebla.
Se informó de manera oportuna del lavado de dinero del cártel de Sinaloa de Joaquín Guzmán Loera en esta empresa fundada por poblanos para la compra de jet por miles de dólares.
Es muy conocida la crítica de los opositores a la llamada “narcoguerra” el no haberle cerrado las llaves a las “lavadoras” mexicanas, como parte de una estrategia global contra el blanqueo de dinero de procedencia ilícita.
La incursión de la Secretaría de la Marina Armada de México (Semar) en la ciudad capital y zona conurbada destapó la otra manera de cómo se utiliza el territorio poblano.
De la estratégica posición geográfica del valle de Puebla –lo fue para el comercio en la Nueva España– hoy sabemos por la Semar, se ha convertido en la ruta o conexión del crimen organizado de Centroamérica-México-EU.
Si el territorio poblano es el paso obligado de las corrientes migratorias de CA al vecino país del norte, por qué no para las operaciones financieras y de logística de la delincuencia.
Para la pacífica entidad poblana no es una buena noticia el hallazgo logrado por la Semar de la existencia de una red de las proporciones insospechadas.
Las autoridades hacendarias –CNBV- no han lanzado ninguna alerta en torno a las actividades de lavado de dinero en la economía poblana.
Empero es innegable que el “dinero caliente” se mueve desde el mismo momento que se adquieren casas, vehículos y se consumen bienes y servicios para realizar actividades ilícitas en el estado, por no aventurar ninguna sospecha en actividades “productivas”.
