El ex candidato a gobernador y diputado federal electo, Javier López Zavala, se prepara para emprender una nueva batalla, ahora para encabezar la presidencia de CDE del PRI.
Ex secretario de Desarrollo Social en el sexenio marinista es de los pocos priistas que pueden presumir contar con una estructura territorial en la entidad.
Uno de los hombres leales de Marín Torres, que a la mano de él inició su carrera política que le permitió ocupar una diputación local, coordinar campañas electorales e integrase al gabinete estatal, ha tejido una red de relaciones en los municipios y distritos electorales.
La derrota la ha asimilado y fue uno de los priistas que frente a la adversidad logró un buen acuerdo con su contrincante en la contienda por la gubernatura.
Zavala, como se le identifica, supo administrar el capital político que le dejaron sus andanzas con Mario Marín y con ello logró un “buen” acuerdo de cohabitación política con el gobernador Rafael Moreno Valle.
Presume una “estructura” en la célula básica de los municipios: los seccionales en el estado, desde donde diseña una estrategia con los suyos para hacerse de las más importantes candidaturas a las alcaldías y diputaciones de 4 años 8 meses.
Para el ex candidato a gobernador la mejor utilidad y rentabilidad política es montar su estructura a la oficial del PRI desde donde operaría como dirigente estatal del PRI y llevar a buen puerto las elecciones intermedias del 2013.
Además de la estructura con la que dice contar, López Zavala requiere de acuerdos políticos con la cúpula nacional de su partido, con grupos influentes como los Morales (ligados a Manlio Fabio Beltrones) para convencerlos del relevo de Fernando Morales Martínez, y el visto bueno de Jorge Estefan Chidiac y Blanca Alcalá Ruiz, cercanísimos a Enrique Peña Nieto y Miguel Ángel Osorio Chong.
