Ante aproximadamente 200 mil personas que abarrotaron la plaza pública más importante de México, Roger Waters pidió al presidente Enrique Peña Nieto que escuche a su gente.
Los gritos de “¡Fuera, Peña!” y “¡Renuncia ya!”, así como las consignas políticas relacionadas con 43 estudiantes normalistas desaparecidos, predominaron durante la velada del sábado por la noche.
El público, sin embargo, explotó en emociones moderadas, por momentos menores a las mostradas dos días antes. Las imágenes de Trump montaron la noche en una ola difícil de bajar: la de la ira. El músico ridiculizó al magnate como pudo: con labial rojo, en calzones, agachado, con pene milimétrico, con cuerpo porcino.
Pocas cosas tan simbólicas. Horas antes del concierto todo fue un coctel de sentimientos negativos. Porque México tiene razones para la indignación: el dólar, Iguala, el muro, EPN, la corrupción, la violencia, el narcotráfico. Los gritos de “¡Fuera Peña!” se escucharon desde mucho antes de que comenzara el concierto, cuando la gente caminaba por Francisco I. Madero y 20 de noviembre. Algunos jóvenes se subieron a los techos de los negocios, todos cerrados desde las cuatro de la tarde. “¡No se suban!”, ordenó un policía sin éxito.
