“Por el momento 120 vidas se han roto”, anunció el primer ministro Matteo Renzi, quien advirtió que no se trata de un balance definitivo, durante una conferencia de prensa.
“Es posible que el número de víctimas crezca”, advirtió el jefe de gobierno italiano, quien recorrió la zona afectada y prometió ayuda para las familias damnificadas.
El sismo arrasó localidades montañosas y dejó caminos intransitables en una zona ubicada a unos 140 kilómetros al este de Roma. El movimiento se sintió en Bologna al norte y Nápoles al sur, ciudades que están a más de 220 kilómetros del epicentro del movimiento.
Aunque la magnitud del terremoto fue solo de magnitud 6.2 con epicentro cerca de la ciudad de Nursia el daño que ocasionó fue severo debido a que se originó a poca profundidad, a unos cuatro kilómetros bajo la superficie.
En la localidad de Accumoli, una familia de cuatro personas, incluyendo un niño de 8 meses y otro de 9 años, quedó sepultada bajo los escombros. Mientras los servicios de emergencia sacaban el cuerpo del bebé, cuidadosamente envuelto en una manta blanca, su abuela culpó a Dios por lo ocurrido: “Se los llevó a todos juntos”, dijo.
El ejército fue movilizado para ayudar con equipos especiales y el gobierno liberó 235 millones de euros (265 millones de dólares) en fondos de emergencia. En el Vaticano, el Papa Francisco envió a una sexta parte del pequeño departamento de bomberos de la Santa Sede a la zona arrasada.
Los servicios de emergencia usaron helicópteros para movilizar a los sobrevivientes. Una fotografía aérea de la zona afectada mostraba franjas destruidas de la ciudad de Amatrice, mientras los escombros llenaban las calles de la localidad cercana de Accumoli.
“Es toda gente joven, es temporada de vacaciones y el festival local estaba por celebrarse pasado mañana, así que mucha gente vino a ese evento (…) Es una catástrofe”, dijo Giancarlo, un residente de Amatrice de 65 años, sentado en la calle vestido apenas con ropa interior.
Mucha gente está desaparecida, y la llegada de turistas por las vacaciones hace que cuantificar las víctimas sea mucho más difícil. El primer ministro Matteo Renzi, quien actualizó la cifra de muertos tras visitar el área, pidió unidad en este momento trágico. “Hoy es un día para llorar. Mañana podremos hablar de reconstrucción”, sostuvo.
En Accumoli, los edificios que todavía estaban en pie mostraban grietas y daños en su estructura, mientras los residentes se esforzaban por remover escombros con sus propias manos antes de la llegada de los servicios de emergencia. El alcalde de Accumoli dijo que unas 2 mil 500 personas quedaron sin hogar.
