Las dificultades para conseguir y comprar alimentos también afectan a los refugios de animales en Venezuela. Trabajadores de los zoológicos han denunciado la muerte de algunos ejemplares por hambre, algo que las autoridades niegan.
La guía se apresura a dar explicaciones a los visitantes. “Ven que no se le ve cintura ni el costillar. Lo que le cuelga en la barriga es grasa, como le colgaría a una persona gorda. Aquí los animales están bien alimentados”, dice la joven a una familia frente a la jaula de los pumas en el Zoológico de Caricuao, uno de los más grandes de Venezuela, ubicado al oeste de Caracas, y que acaba de cumplir 39 años de funcionamiento.
El rumor sobre la supuesta muerte por hambre de un número impreciso de animales del zoológico recorre las exhibiciones junto con los carritos que llevan pasto de un lado a otro. De acuerdo con Marlene Sifontes, dirigente del sindicato de trabajadores del Instituto Nacional de Parques (Inparques), ente al que está adscrito el zoológico, las fallas de presupuesto y gerencia de la institución, sumadas a la grave escasez que vive el país, han llevado a que los despachos de alimentos se retrasen y los animales pasen hambre al punto de morir por esta causa.
