Armando Ahued, secretario de Salud del Distrito Federal, lanza la advertencia: “El sistema de salud no aguanta la cantidad de enfermos que se presentan cada año a causa del tabaquismo. Se estima que cada año se gastan 45 mil millones de pesos, cifra conservadora porque en realidad el gasto se eleva a los 100 mil millones de pesos a escala nacional para atender enfermedades relacionadas con esta adicción.”
Según las últimas estadísticas de 2008 del Sistema Nacional de Salud, en el Distrito Federal, la encuesta establece que 53.5 por ciento de la población, de entre 18 y 65 años de edad, ha probado alguna vez un cigarrillo, en su mayoría se trata de hombres.
Y tras el primer contacto con el tabaco, 85 por ciento de ellos se convierte en fumador activo alcanzando un consumo de seis cigarros al día, lo que a la larga desencadena una serie de enfermedades crónicas y mortales.
Raúl Fernández Joffre, director de la Clínica Hospital de Especialidades Toxicológicas Venustiano Carranza, que pertenece a los servicios de salud del Distrito Federal, explicó que los fumadores, en general, poco conocen de los daños que el tabaco causa a su cuerpo y la mayor parte del tiempo escuchan generalidades o situaciones fatales, que consideran muy lejanas, cuando en realidad muchos ya han mermado su salud de manera irreversible.
“Hay que hablarles en un lenguaje muy lógico y decirles que el fumar no es vicio, sino una enfermedad. Las arterias y vasos sanguíneos se empiezan a endurecer a tal grado que se sube la presión y viene una hemorragia cerebral. El fumador va a quedar en coma, o con parálisis, o con discapacidad, se le van a endurecer las paredes del pulmón, va a tener que recibir oxígeno y andar con un tanque colgado para poder medio respirar”, explicó Fernández Joffre.
Cuando el fumador reconoce el daño que se hace ha hecho a sí mismo, y quiere cambiar, el primer paso que debe dar es pedir ayuda profesional, donde le darán toda una serie de pautas a seguir tanto médicas como de hábitos.
De la plática a los desinflamatorios
Para los casos más leves, las pláticas de orientación son suficientes, pero quienes fuman de manera habitual o excesiva, llegando a la adicción extrema, requieren medicamentos, estudios y tratamientos especiales como nebulización, administración de oxígeno con desinflamatorios, terapias ventilatorias y medicamentos que eviten la ansiedad, entre otros.
También atienden su entorno, como por ejemplo la ropa, que con el paso del tiempo se impregna con el olor al tabaco, y que se recomienda lavar intensamente junto con la ropa de cama, baños, recámaras y todos los espacios de la casa donde se haya fumado alguna vez, así como el automóvil, para eliminar cualquier rastro aromático del cigarro con el fin de alejar la posibilidad de una recaída por consumo de cigarro.
Según Fernández Joffre, en la familia está el origen del tabaquismo, así como de la tolerancia a la adicción, ya que medidas y reglas claras al interior harían que se erradicara el consumo.
“Si tú quieres fumar en un restaurante te van a pedir que lo apagues o te ponen a disposición de la policía, pero en casa quién lo regula. La familia tiene que estar al pendiente de esto. Lo primero es la cero tolerancia a menores. No pueden fumar porque están en etapa de desarrollo de actividad neuronal y si se les permite un veneno, como es el cigarro, les haremos daño”, alertó.
Después de que una persona logra dejar el cigarro, superando los retos de las recaídas propias de la enfermedad, debe continuar con la atención de los daños que la adicción causó al organismo.
Los principales se centran en las vías respiratorias, pero la afectación es generalizada causando pérdida del cabello, cataratas, arrugas, pérdida del oído, cáncer de piel, deterioro de la dentadura, mal aliento, además, por problemas de irrigación se gangrenan las extremidades, se causa cáncer de útero, abortos espontáneos, deformación de espermatozoides y psoriasis.
El fumador expone a quienes viven a su alrededor, especialmente niños y mascotas y todos presentan con frecuencia problemas respiratorios o de piel.
Desde hace algunos años la dependencia local habilitó todos sus centros de salud con áreas para la orientación y disuasión de fumadores, cuyos casos severos son referidos al Centro Toxicológico, a la par de clínicas públicas y privadas que también ofrecen sus servicios a los fumadores.
En los diagnósticos médicos el tabaquismo ya está incluido como una patología y no como un dato estadístico, como antes ocurría, lo que obliga a los médicos a mandar a los pacientes a recibir atención especializada cuando el abuso ya es adicción.
