Hay viajes que se planean durante meses y otros que comienzan sin saber exactamente a dónde conducirán. Lo mismo ocurre con los proyectos periodísticos. Nacen con una idea en una servilleta, una convicción y muchas preguntas, pero nadie puede garantizar que llegarán al siguiente año. Mucho menos al décimo. Muchísimo menos al decimoséptimo.
En un país donde abrir un medio de comunicación es complicado y mantenerlo parece una carrera de resistencia, cumplir diecisiete años no es únicamente celebrar un aniversario. Es demostrar una capacidad de adaptación que pocas industrias han tenido que desarrollar con tanta rapidez como el periodismo.
Contar historias también transforma destinos
Quienes escribimos sobre turismo solemos hablar de ciudades, gastronomía, pueblos mágicos o rutas por descubrir. Sin embargo, pocas veces reconocemos que muchos destinos comenzaron a existir para miles de personas porque alguien decidió contar su historia.
Antes de que un restaurante se llene de visitantes, antes de que una comunidad reciba turistas o antes de que una tradición se convierta en atractivo cultural, hubo una cámara, una libreta o un micrófono documentando aquello que merecía ser visto.
El periodismo no solo informa. También construye memoria, identidad y, muchas veces, despierta la curiosidad de viajar.
Por eso, detrás de cada destino que hoy presume reconocimiento, también hay periodistas que durante años insistieron en mirar donde otros no miraban.
Sobrevivir también es una noticia
En diecisiete años cambió casi todo. La forma de leer noticias. La velocidad con la que consumimos información. Los algoritmos que deciden qué vemos. Las redes sociales. El video. Los podcasts. La inteligencia artificial. Hoy cualquiera puede publicar información desde un teléfono celular. Pero hacer periodismo sigue siendo otra cosa. Significa verificar antes de publicar. Contrastar versiones. Dar contexto. Equivocarse, corregir y volver a empezar al día siguiente. Y hacerlo en una industria donde los ingresos publicitarios disminuyen, la competencia se multiplica y la inmediatez suele imponerse sobre la profundidad.
Quizá por eso llegar a los diecisiete años representa mucho más que una cifra. Significa haber sobrevivido a varias revoluciones tecnológicas sin perder el propósito original: informar.
El siguiente destino
Los viajes nunca terminan realmente. Solo cambian de ruta. Lo mismo ocurre con los medios de comunicación. Después de diecisiete años, el reto ya no consiste únicamente en permanecer. Consiste en seguir siendo relevantes en un entorno donde la información viaja cada vez más rápido, pero la confianza se construye cada vez más despacio.
Desde estas líneas, mi reconocimiento a Reto Diario, a su líder Alfonso González y a su gran equipo editorial (redacción y web) así como multimedia —Lucía Gabriela Fernández Aguilar, Omar Alejandro Sánchez, Raúl Ramírez de la Rosa, Juan Salcedo Pérez, David Tejeda Santos, Claudia , Georgina Tenorio, Lesli Jiménez, Héctor Morales, Paola Mata, Mariana Álvarez, Sebastián Lagunes, José Luis Muñoz y Christer Ramírez— que hoy celebra diecisiete años recorriendo la historia cotidiana de Puebla. Porque detrás de cada cobertura hay personas que decidieron salir a preguntar, escuchar, documentar y contar. Y porque, al final, las noticias duran un día. Pero los medios que logran mantenerse durante casi dos décadas terminan formando parte de la memoria de una sociedad.
En turismo solemos decir que lo importante no es llegar al destino, sino todo lo que ocurre durante el camino. Quizá con el periodismo sucede exactamente lo mismo. Diecisiete años después, el verdadero mérito no está en la cifra, sino en haber seguido caminando cuando tantos otros se quedaron a medio trayecto.
