La Copa Mundial de Fútbol que arranca este jueves tiene la pinta de que será el punto de partida para acabar con el fútbol de masas, ya que se ha llegado al punto extremo en el cual solo el sector de la población de mayor poder adquisitivo podrá disfrutar del torneo completo. Una situación que, por lo menos, alcanzó a una veintena de ayuntamientos de Puebla que se quedaron con los preparativos “en las manos” y decidieron de última hora mejor abstenerse de trasmitir los partidos de dicha justa deportiva.
Tal fue el caso de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, que un día antes de arrancar la justa mundialista, decidió suspender la proyección del primer partido de la Selección Mexicana al no tener la certeza jurídica de si contaba con las suficientes autorizaciones para instalar una pantalla gigante en el Complejo Cultural Universitario.
Es lo mismo que pasó con varios gobiernos municipales que, ante el temor de las exorbitantes multas que podrían pagar por no tener los permisos, decidieron mejor suspender la colocación de pantallas para que la gente que no cuenta con un servicio pagado de streaming pudiera ver los encuentros futbolísticos.
Por ejemplo, en Xicotepec de Juárez y en Huauchinango, ambos municipios de la Sierra Norte, hasta el miércoles no se sabía si finalmente se iban a instalar las carpas destinadas para ver jugar a los seleccionados mexicanos contra sus similares de Sudáfrica. En cada una de estas localidades se había programado colocar por lo menos cuatro pantallas.
Tal situación metió en un brete a varios ayuntamientos que ya habían pagado el alquiler de carpas, de pantallas, sillas y plataformas, así como la compra de playeras y balones, que serían repartidos entre los asistentes que presenciaran los enfrentamientos entre equipos. Ahora el problema será cómo justificar ese gasto que no se pudo ejercer.
Uno de los problemas es que no se tiene claridad sobre cuál es la sanción que implica el exhibir los partidos del Mundial sin las debidas licencias, sin importar que no haya un lucro de por medio.
Algunas versiones indican que la sanción más baja es de 500 mil pesos y que se podría elevar hasta los 29 millones de pesos.
Todo se reduce a que el campeonato tiene como meta que la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) recaude 13 mil millones de dólares en ganancia, lo cual implica cobrar por todo, como es vender una lata de cerveza en 300 pesos o una botella de agua mineral en 200 pesos, en los estadios de las sedes mundialistas.
O que los últimos boletos para los partidos, en las páginas oficiales, se están vendiendo cada unos en 610 mil pesos.
Tal situación plantea una pregunta fundamental: ¿qué ganó la población con que México sea una de las tres sedes mundialistas? Todo indica que nada, pues el grueso de los aficionados no podrá ver la trasmisión televisiva de la mayor parte de los encuentros del torneo.
Se entiende que la FIFA es un organismo con fines de lucro y que el Mundial sea un evento privado, pero lo que no se justifica es el enorme gasto público que hubo en remodelar aeropuertos, sistemas de trasporte, espacios abiertos y estadios, para que toda esa inversión sea en beneficio de intereses trasnacionales.
